Sin mucho ruido inició el segundo periodo de sesiones…
admin | feb 04, 2013 | Comentarios 0
SEMANA POLÍTICA
Silencioso comienzo de la Legislatura federal
Sin mucho ruido inició el segundo periodo de sesiones del Congreso de la Unión, a partir del día primero pasado.
Ante el desgarriate que se ha mostrado en el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI), los legisladores se muestran prestos para intervenir y dicen “salvar” al instituto. Todo se da por la llegada del Consejero Gerardo Laveaga (tachado de “inexperto y perezoso”) a la presidencia del instituto; la verdad es que este órgano ha permanecido, desde su creación, bajo una incesante presión y desencuentros entre sus integrantes.
En el Instituto Federal Electoral (IFE) se habían anunciado los dictámenes, que se someterían a votación del Consejo, multando a los partidos por irregularidades en las campañas presidenciales pasadas; resaltó con la mayor multa la alianza que apoyó al excandidato Andrés Manuel López Obrador.
Ello trajo, consecuentemente, lo de siempre, descalificaciones reactivas para con el organismo electoral y para los consejeros, no un análisis y una defensa con argumentos y pruebas en todo caso. Con este método cuándo vamos a avanzar.
Y por cierto en el instituto electoral hay ya una cantidad importante de solicitudes de registro de partidos políticos; dicen que nuevos partidos con ya viejos políticos que han hecho de las prerrogativas oficiales -que con el presupuesto público se da a estos institutos-, su modus vivendi; en la próxima entrega les daremos algunos nombres.
En el Partido Acción Nacional (PAN) está a punto de detonarse una potente bomba. Según el Instituto Federal Electoral en la campaña de Josefina Vázquez Mota se gastaron 230 millones de pesos y el tope era de 330 mdp; los josefinistas de inmediato acusaron a la dirigencia nacional de haberse “echado” y no apoyar la campaña como era debido. De inmediato les contestaron que el Comité le entregó a la candidata 330 mdp. ¿Se quedarán callados, o hablarán? No les vaya a pasar lo mismo que a sus iguales del PP español.
Los especialistas analizan incidente en Pemex
La semana que terminó ayer, última del mes de enero, será recordada como la semana trágica por el grave “incidente” ocurrido, el jueves pasado, en el llamado Edificio E del complejo que ocupa la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), erróneamente conocido como “Torre de Pemex”, y decimos erróneamente porque se trata de un conjunto formado por varios edificios, entre ellos lo que realmente es la Torre Pemex. Pero vayamos a lo verdaderamente importante del asunto. En primer lugar no se trató de un “incidente” (como fue calificado por una alta autoridad federal), sino de una gran explosión, cuyas causas aún no se conocen o no han sido dadas a conocer. Se dice que ya arribaron especialistas de varias naciones que indagarán o confirmarán las causas.
Después de la visita que el presidente Enrique Peña Nieto hizo al lugar del siniestro, después de mandar sus condolencias a los familiares afectados, lanzó una exhortación general –referida especialmente a los medios- para no hacer especulaciones sobre el origen de la explosión; llamado que nos parece prudente y adecuado a las circunstancias actuales y con el objetivo de no crear incertidumbre y no aumentar la sensación de peligro e inseguridad que aqueja a gran parte de los mexicanos.
Repetimos que nos parece atinada tal exhortación, pero también creemos que algunos de sus más cercanos colaboradores requieren un llamado de atención por el lenguaje utilizado en sus declaraciones.
El calificar este grave hecho como un “incidente” dio la impresión que el declarante trató de minimizar el hecho. Pocos minutos después otro declarante dijo, que se trataba de un “flamazo, originado por una fuga de gas. No fue sino hasta pasadas unas dos horas, y cuando ya se conocían fotos que circularon en las redes sociales, cuando los funcionarios aceptaron que se trataba de una verdadera explosión.
Si analizamos brevemente los hechos, con la mayor serenidad e imparcialidad posibles, podremos sacar varias conclusiones. Veamos.
Es indudable que nuestra industria petrolera es de suma importancia, estratégica como se suele decir, por lo tanto igual debe ser el corazón o centro medular que lo dirige, y que, suponemos, debe contar con todos los medios de control y vigilancia; los cuales podríamos resumir en control de entradas y salidas de personas y vehículos; sistema de vigilancia mediante cámaras estratégicamente distribuidas; detectores de humo y gases, extinguidores o sistemas rociadores automáticos contra incendios; y por descontado, un sistema de alarmas que ponga en alerta a los empleados y posibles visitantes.
Al parecer estos sistemas no funcionaron, o hay carencia de ellos. Si fue lo primero se debe exigir responsabilidad a quienes los instalaron y a los encargados de su mantenimiento. Para lo segundo, si un complejo de tal importancia no cuenta con estas elementales medidas de seguridad, el responsable directo debe ser puesto –como dicen en mi pueblo- “de patitas en la calle”.
Pero existe una tercera posibilidad: que tales sistemas sí existen y que sí funcionaron (parcialmente, ya que el sistema contra incendios nunca funcionó), caso en el que basta una inspección a las grabaciones de las cámaras para saber dónde y cómo se originó el percance, pero que los encargados, por razones obvias, no han hecho del dominio público, quizá esperando la confirmación por parte de los peritos o que “el jefe les dé luz verde”.
En todo caso es explicable cierto retraso en la información, pero un silencio total no hace otra cosa sino alentar las especulaciones no deseadas, pero siempre inevitables. No vamos nosotros a hacer especulaciones, pero si al silencio oficial le agregamos: el día, la hora, el sitio, el lugar tan vulnerable para la estabilidad de la estructura y el desconcierto generalizado en las primeras declaraciones, hacen pensar que sí fue provocado, se hizo con la malsana intención de causar graves daños, tanto en vidas como materiales, y la única forma de evitar o acabar con especulaciones similares es que las autoridades se apresuren en sus peritajes y den una clara explicación de los hechos y de las medidas que se tomarán para evitar tragedias futuras similares, y que para el caso es lo más importante.
Ya lo decía el abuelo: “Quien no reconoce sus errores, volverá a cometerlos en el futuro.
Las calles en poder del transporte público
Y ya que de errores hablamos es conveniente reconocer el error que cometieron, las pasadas administraciones, al permitir que el transporte público de Morelia se apoderara de calles y avenidas, convirtiéndolas en cotos privados, donde no hay autoridad que intervenga y hacen lo que les pegue la gana: desde jovencitos –que no se sabe si tienen licencia- manejando las combis y camiones urbanos, que hacen paradas donde se la soliciten los pasajeros o peatones que quieren abordar una; o sea en plenos cruceros, al inicio, en medio o al final de la cuadra con varias paredes por calle; invaden los carriles que no les corresponden y para volver al suyo atropellan derechos de tercero (a veces al “tercero”, sea persona o vehículo, lo que ponga delante), se estacionan en segunda fila, tienen sus “sistemas” de sonido a todo volumen dentro de los vehículos, utilizan vidrios polarizados, muchos van dejando verdaderas cortinas de humo, llevan el escape abierto o usan cornetas de aire capaces de romper los tímpanos del oído, o lo que es peor, pueden causar un infarto a alguno de los cientos de personas de la “tercera edad” que caminan por las banquetas, de por sí llenas de obstáculos, baches, rampas y escalones (las banquetas, no las personas).
Hemos visto cómo algunos “viejitos” que transitan plácidamente se sobresaltan y voltean angustiosamente a todos lados e indagar el origen de tal estruendo, pero lo más impactante es ver la cara de enojo que ponen cuando se dan cuenta que fue un auténtico chafirete el causante del susto, no quedándoles otro remedio que hacerles una seña obscena, de aquéllas que muchos hacían siendo niños. Bueno sería que, aquéllos que promovieron en el Distrito Federal la ley para proteger del maltrato a los animales, hicieran una campaña para aprobar, en esta ciudad o en todo el estado, una ley que protegiera a “los viejitos” de las constantes agresiones de algunos conductores y propietarios de vehículos del transporte público, ya que pese a las muchas declaraciones de los responsables de esta área, en el sentido que “ya pronto meterán en cintura a este gremio”, la verdad es que nadie ha hecho nada por ordenarlo.
Como lo expresamos hace unas semanas, si se ordenara este transporte se aliviaría, hasta en un 50 por ciento, el caos vial que la ciudad padece. El otro 50 por ciento es “pan comido” y no cuesta ni un peso: reglamentar las marchas y manifestaciones. Sencillo ¿No?
La pregunta de la semana
¿Usted cree que los diputados locales podrán regular marchas y manifestaciones?
Taches y autogoles
Con certeza no sabemos a quién corresponde ordenar –porque reglamentado ya está- el Transporte Público de Morelia, pero es el caso que dos dependencias, Cocotra y Tránsito del Estado, han declarado en repetidas ocasiones que “ya pronto será controlado”, pero en tanto, y en larga espera, los miles de morelianos, y los pocos extranjeros que se animan a visitarnos, sufrimos las cotidianas molestias que causa tal desorden, y como ninguna de las aludidas ha cumplido, les destinamos un “Tache” que se convertirá en una larga permanencia en la “Picota”, en cuanto aclaremos –o nos aclaren- el nombre de la responsable. Por mientras se lo reparten como buenos “hermanos de leche”.
Microondas
También el primer mundo sabe de apagones. San Francisco contra Baltimore en el Super Bowl XLVII. Más de media hora estuvo suspendido el juego del supertazón en Nueva Orleans por fallas en el sistema de alumbrado en el estadio. Para ser exactos fueron 36 minutos los que duró el apagón. Los apostadores, los aficionados, los fanáticos en general, culparán del resultado del juego a las fallas eléctricas.
Sensibilidad ante la tragedia, que significa la explosión que cimbro literalmente las estructuras de los edificios sede de Petróleos Mexicanos (Pemex) y alcanzó las instituciones oficiales. Sensibilidad es lo que ha mostrado el gobierno federal, encabezado por Enrique Peña Nieto.
El director general de Pemex, Emilio Lozoya, dijo que la explosión registrada en la sede central de la petrolera parece un accidente, aunque insistió en que “todas las líneas de investigación están abiertas”, aseguró que el abasto de gasolina y la producción de la empresa está garantizada, pues la paraestatal opera con normalidad.
Un accidente o un atentado, ésa es la duda, y ha resultado muy apreciable que no se adelanten juicios de nadie, ni del gobierno por pretender ocultar la verdad, ni de los grupos de oposición, queriendo hacer sentir que es un atentado contra las decisiones gubernamentales; la sensatez es otro de los ingredientes que ha llevado a que este evento no se minimice ni se magnifique; tema que abordaremos.
Las pérdidas humanas, los lesionados y las pérdidas materiales son importantes, pero lo que realmente lo hace mucho más importante y trascendente es que no estamos acostumbrados a estos sucesos, ya sean accidentes o atentados.
Lo que hemos comentado es lo que sucede, en términos generales, aunque no faltan aquéllos pocos que de inmediato lo relacionaron con las posibles decisiones en cuanto a las reformas que se quieren hacer a la paraestatal.-
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Publicadas: Semana Política
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