El arte de llorar en coro
PROYECTADA EN LA 50 MUESTRA DE CINE EN MORELIA, EN ELLA SE ABORDA EL TABÚ DEL ABUSO INFANTIL ENTRE LAS FAMILIAS
Liliana David /
La Voz de Michoacán
Con el humor negro que caracteriza a varios países europeos, entre ellos, Dinamarca; el cineasta danés Peter Schonau Fog, ofrece una cinta que provoca la risa amarga a partir del retrato de una familia danesa donde impera el abuso sexual de padres a hijos.
La película “El arte de llorar en coro”, que exhibió en Morelia la 50 Muestra Internacional de Cine, presenta la historia de cuatro integrantes de una familia de clase media donde el humor y el sarcasmo, resulta el mejor elemento para reírse de lo absolutamente trágico.
El director del largometraje hace alarde de su habilidad para cruzar del horror al humor, y brinca justamente la barrera del tabú que existe alrededor del abuso infantil de manera irónica, pero sin perder nunca la belleza narrativa, lo cual hace de la cinta un extraordinario y maravilloso trabajo donde se combina la creación de imágenes brillantes, sobre un tema del que poco se habla: el abuso infantil.
“El arte de llorar en coro” tiene como protagonista a “Allan”, un niño de apenas once años de edad, quien es el centro de atención a lo largo de la película y a partir de él se va revelando una historia de incesto entre su padre y su hermana mayor, Sanne, de apenas 14 años de edad.
El primer largometraje en la trayectoria fílmica de este joven director, aborda de manera sutil pero al mismo tiempo con gran ironía, el delicado y oscuro tema del abuso de un niño en una familia danesa, cuyo padre con sus constantes llantos, amenazas e intentos de suicidio, aterroriza a todos sus integrantes.
Sin embargo, al inicio de la historia, el pequeño Allan intenta por todos los medios detener el sufrimiento de su padre, inexplicable hasta ese momento, por lo que Allan pide a su hermana mayor que le de consuelo para detener su dolor.
Basada en la novela homónima
La historia, escrita por Bo Hansen, quien a su vez se basó en la novela homónima de Erling Jepsen, es vista a través de los ojos de un adolescente; un chico ingenioso, de lentes enormes, que no solamente observa con curiosidad el mundo que lo rodea sino que están listos para tomar decisiones en la vida, si es necesario.
Allan es un niño que adora a su padre, como normalmente lo haría cualquiera, aunque su progenitor presenta graves problemas mentales, por lo que siempre está amenazando con suicidarse, sin nunca intentarlo verdaderamente. Pero en esta historia, la madre, es presentada por el director como una figura materna desentendida de lo que sucede en su propia familia, y lejos de ayudar a resolver los problemas, siempre quiere estar durmiendo.
Con la única intención de Allan, de hacer feliz a su padre, el director va adentrando al espectador a una historia triste y oscura, donde la hermana mayor de Allan debe contribuir para consolar a su padre cuando éste llora.
El hermano mayor de Allan para el inicio de la cinta ya ha abandonado a la familia, pero cuando regresa éste descubre cuál es el verdadero consuelo que necesita el padre para detener su aparente sufrimiento: tener contacto sexual con su hija de 14 años.
“El arte de llorar en coro” muestra cómo se da la comprensión del pequeño protagonista Allan, acerca del bien y el mal que crece día a día en su familia.
De una historia oscura y sumamente triste, el cineasta Peter Schonau Fog, ofrece un relato cinematográfico contado de la manera más hermosa; pues no hay ningún elemento de sobra en su narrativa.
Ante un tema difícil de abordar y que sigue siendo en algunas sociedades contemporáneas un tabú y en algunas otras un oscuro secreto familiar, el director ofrece una cinta en que ningún cinéfilo se siente perturbado, asustado o incluso disgustado, por el contrario, el público se ríe de lo trágico, triste y oscuro que resulta una historia donde el abuso infantil es difícil que se reconozca a tiempo.