Clásico de Jeunet y Caro

PROYECTAN HOY ‘LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS’, EN CICLO DEDICADO A SUEÑOS


Demetrio Olivo / La Voz de Michoacán


Tras debutar con Inglaterra-EU hace quince días (“Brazil”, de Terry Gilliam) y continuar con Japón la semana pasada (“Sueños”, de Kurosawa), la Cineteca de Michoacán ofrece hoy, en la tercera función de su programa inaugural, la película “La ciudad de los niños perdidos” (“La cité des enfants perdus”, 1995), de los cineastas franceses Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.

La proyección comienza a las 18:00 horas en el auditorio “José Rubén Romero” (Santiago Tapia esquina con Nigromante, centro histórico de Morelia). La entrada es gratuita.

El ladrón de sueños
Despojado de un atributo esencial, la capacidad de tener sueños, el agrio y calvo Krank (Daniel Emilfork) está envejeciendo de forma acelerada y prematura. A fin de detener ese proceso, Krank secuestra niños de una cercana ciudad costera y emprende experimentos para tratar de robarles los sueños. El problema consiste en que la elaborada tecnología que usa transforma, invariablemente, los sueños de los niños en pesadillas. En medio de esta situación, cierto día los cómplices de Krank tienen la mala ocurrencia de raptar al pequeño y glotón Denree (Joseph Lucien), el hermanito adoptivo del musculoso y solitario One (Ron Perlman en el papel de un fornido ballenero venido a menos que ahora se gana la vida en un circo callejero). Este personaje emprenderá una cruzada para rescatar al niño.

Bizarro juego genérico
Bienvenidos a uno de los más perfectos cuentos de hadas en clave onírica de nuestros tiempos, sólo superado, quizá, por el supremo tono metafísico que alcanza “Lobos, criaturas del diablo” (“The company of wolves”, Neil Jordan, 1985).

He aquí un bizarro relato, a medio camino entre el tono de las historias a la Charles Dickens (particularmente en la atmósfera de las secuencias en la ciudad portuaria) y cierto surrealismo daliniano, vestido de una decadente, barroca y cautivadora estética industrial.

La poderosa inventiva visual de los cineastas Jeunet y Caro (prefigurada en otro de sus clásicos: “Delicatessen”, de 1991, y continuada con una mesura color de rosa en “Amèlie”, ya a solas por Jeunet en 2001), encuentra en este filme su mayor cresta expresiva.

Es la visión de una espectral plataforma marina perdida en la niebla, más allá de un viejo campo minado, en la que Krank vive acompañado por otros estrafalarios personajes, de los cuales es difícil decidir quién es el más insólito: Irvin, un cerebro sin cuerpo que se mantiene vivo dentro de un acuario; la diminuta señorita Bismuth y una pandilla de cinco clones enanos que sufren de narcolepsia, a los que se suma el clan de los “Cíclopes”, cuyos integrantes se dedican a secuestrar a los niños: un grupo de ciegos que han agudizado su vista y su oído con llamativos injertos mecánicos.

Lógica intuitiva
Escribe Jean-Pierre Jeunet, codirector del filme, en el sitio oficial de esta película, aún activo: “Si uno es incapaz de soñar e imaginar cosas, si uno está sentenciado a lo cotidiano, a la realidad, es horrible”.

Esta inquietud es, desde luego, la clave del filme. La declaración también ayuda a comprender la lógica narrativa que emprenden los cineastas en este trabajo. Tanto Jeunet como Caro buscan transmitir la importancia del pensamiento intuitivo, por lo que la película está narrada desde una estructura no lineal y que, de hecho, durante sus primeros treinta minutos puede parecer confusa.

Pero no hay nada confuso en la bella estructura del relato. Estamos ante una fábula que se ocupa de lo horrible que sería no poder soñar. Para demostrar su tesis, la narración está organizada sobre el principio de la libre asociación de lo onírico.

Mientras, como en “Delicatessen” Jeunet y Caro nos brindan un universo cerrado y difícilmente ubicable, y con un con un manejo del ritmo en el que el tiempo se distiende o se comprime alternativamente en torno a las situaciones y los personajes.

Pero acaso el juego más interesante que emprenden los realizadores tiene que ver con su postura ante el fetichismo tecnológico propio de la ciencia ficción norteamericana. Lejos de las computadoras y de los refinamientos a la “Star Wars”, los numerosos aparatos que aparecen en el filme tienen una deliciosa vocación retro. Operan más a base de poleas, engranes y resortes, que a partir de chips o de circuitos integrados.

Ficha técnica
El equipo de La ciudad de los niños perdidos:

Título original: La Cité des Enfants Perdus
Dirección: Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro
Guión: Gilles Adrien, Jean-Pierre Jeunet, Marc Caro
Con: Ron Perlman (One), Daniel Emilfork (Krank), Judith Vittet (Miette), Dominique Pinon (clones), Jean-Claude Dreyfus (Marcello), Genevieve Brunet (Pulpo), Jean-Louis Trintignant (Irvin), Joseph Lucien (Denree), Mireille Mossé (Mademoiselle Bismuth)
Fotografía: Darius Khondji
Música: Angelo Badalamenti
Edición: Hervé Schneid
Vestuario: Jean-Paul Gaultier
Producción: Claudie Ossar
País: Francia-España-Alemania, 1995
Casas productoras: Canal Plus / France 3 Cinema / Lumière
Duración: 112 minutos




 

 

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