Relatos en vez de átomos
PRESENTÓ EL AUTOR EDGAR OMAR AVILÉS UN LIBRO DE RELATOS
Demetrio Olivo / La Voz de Michoacán
Para el escritor moreliano Edgar Omar Avil és, “el universo está hecho de relatos, no de átomos” (parafraseando a una escritora anglosajona). El autor presentó al público este fin de semana su primer libro, que recopila cuatro decenas de cuentos: “La noche es luz de un sol negro”. La obra se habría presentado en la sede de la Escuela de Letras, pero finalmente fue compartida con el público en el Museo del Estado, durante el III Encuentro de Letras Independientes. Lo presentaron Alfredo Carrera y Ernesto Hernández Doblas.
La presentación
Para Alfredo Carrera el autor moreliano Edgar Omar Avilés es, junto con Atahualpa Espinoza, la avanzada de los escritores michoacanos actuales, de una edad menor a los treinta años.
Carrera (quien forma parte del equipo de la revista “Subterráneo”), acotó que los relatos Instantáneas F y D son los únicos que rompen la unidad de una obra en la que lo único que se le puede observar a los relatos es que “son cuentos demasiado trabajados”, como si el autor los hubiera conservado por mucho tiempo, repasando y corrigiendo el material más allá del punto deseable.
Pese a todo, indicó que “quien se acerque a este libro no saldrá decepcionado de los finales”.
Mientras, Ernesto Hernández Doblas dijo, en lo medular, que un primer libro como este debe celebrarse siempre con mente abierta, aunque sobre la obra penda también la incertidumbre. “Sólo la guadaña del tiempo dirá” si el autor realmente vale la pena. Indicó que en los 42 relatos del libro “la imaginación se saca de la manga formas de interpretar la realidad” y consideró que varios de los textos poseen “nudos efervescentes y precipitados que hacen que la verosimilitud vaya arrastrando la cobija”.
Hernández Doblas dio lectura a dos cuentos breves del libro: “La ley” y “Luz”.
Zurcidos a la realidad
Luego de los presentadores, Avilés compartió con el público su placer por lo fantástico (un gusto insólito en un país en el cual, como pasa en México, la mayor parte de la literatura le apuesta al realismo y a costumbrismos de diferente cuño, a despecho de autores tan sorprendentes como Arreola o Rulfo).
Durante su diálogo, el autor consideró que, a pesar de todo, “los escritores sí servimos para algo: todavía podemos poner a la tribu en torno a la fogata para narrar historias”, con las cuales “se remienda el entramado de la realidad”.
‘La ciudad’ como ejemplo
Avilés también dio lectura a dos de los cuentos del libro: “La ciudad” y “Remiendos”, en las cuales mostró su amor por las interpretaciones paralelas y por la puesta a prueba de lógicas ajenas a la de la razón cartesiana.
“La ciudad”, por ejemplo, es el relato fantástico de un añoso edificio (alter ego de las “casas embrujadas” de la infancia… tanto de la niñez individual como de los orígenes de la raza) que encuentra las formas más radicales de sobrevivir a su inminente demolición.
Lo mejor del relato es que el protagonista se va anunciando paulatinamente, mientras seguimos anecdóticamente a un secundario que parece ser el personaje principal: el Leopoldo gozoso de haber adquirido el boleto para un espectáculo que anhelaba presenciar y cuya sede será el fatídico piso treinta del rascacielos en ruinas.
Con un aliento preciso, el relato va sembrando sus detalles insólitos, cada uno de los cuales va mellando la realidad convencional hasta conducirnos a la revelación de un inmueble que algo tiene del vampírico retrato de Dorian Gray.
De carne y fantasía
Al término de la presentación, La Voz dialogó brevemente con el autor para abundar sobre su placer por lo fantástico, comprensible para autores europeos o estadounidenses (con Ursula K. Leguin y Tanith Lee como presencias femeninas a la cabeza), pero no tanto para hijos de sangre azteca.
“La verdad es que yo comencé escribiendo realismo –indica–. Es curioso porque siento que a medida que voy madurando, me voy acercando más y más a lo fantástico”.
Celebra a Juan Rulfo y a Juan José Arreola como exponentes nacionales de lo fantástico y lamenta que no se les valore en esa faceta. “Generalmente pensamos en sus obras como ‘promotoras de identidad’, pero lo cierto es que no se agotan en esa dimensión”.
También comparte su recelo por ciertas formas de realismo en boga. “No tengo nada en contra de ese “realismo sucio” que está de moda, pero de todos modos no deja de parecerme sospechoso cuando me doy cuenta de lo grande que es la cargada de autores que se van por ese camino. Me refiero a tantos relatos de narcos, de violencia. En lo personal, estoy seguro que muchos de los que se mueven en ese territorio lo hacen más por vender que por convicciones más personales”.
Refrenda su fe en la fantasía. “Para mí, la fantasía es esencial. Somos eso: lo que soñamos, lo que imaginamos. Nada es más real que eso”.