Vuelven a apostar a las plantas nucleares

AP


El ganadero George Glasier está dispuesto a apostar nuevamente a la energía nuclear y ya hace planes para buscar uranio en Paradox Valley, localidad que vivió amargas experiencias con esa industria.

Glasier, quien fue ejecutivo de una mina antes de dedicarse a la ganadería, quiere construir una planta procesadora de uranio en tierras donde pasta el ganado. Sería la primera construida en Estados Unidos en décadas.

La tierra se encuentra no muy lejos de minas tóxicas de uranio, en su mayoría abandonadas, herencia de una industria surgida durante la Guerra Fría.

En momentos en que una crisis energética afecta profundamente las economías de todos los países, un posible cambio de política energética cobra prominencia en el debate preelectoral estadounidense.

Barack Obama y John McCain están tocando el tema constantemente. El candidato demócrata critica duramente las políticas energéticas de los republicanos, mientras que McCain promueve un mayor uso de energía nuclear.

McCain visitó incluso una planta nuclear a principios de agosto. Su programa de gobierno incluye la construcción de 45 plantas nucleares para el 2030.

Glasier también cree que llegó la hora de volver a explotar la energía nuclear y que Paradox Valley, 370 kilómetros (230 millas) al sudoeste de Denver, bien puede beneficiarse.

La idea no complace a muchos en Paradox Valley, y menos el proyecto esbozado por la firma Energy Fuels de Glasier, que tiene dos minas a punto de entrar en funcionamiento, tierras donde hay cinco minas clausuradas, 18.000 hectáreas todavía no exploradas y las 400 hectáreas de Paradox Valley donde se construiría la planta.

La construcción de la planta representaría una inversión de 150 millones de dólares, que Glasier todavía está tratando de conseguir.

Personas opuestas a la planta han creado un portal de internet y se están formando agrupaciones contrarias a la iniciativa.

Anna Cotter, de 72 años, se radicó en la zona en 1955, cuando la industria del uranio estaba en su apogeo. Su marido vendía maquinaria para las minas y sus parientes trabajaban en las minas.

Pero las cosas han cambiado en el valle, dice la mujer.

"No quiero volver a vivir esto", afirmó.

La planta de Glasier convertiría el mineral en óxido de uranio concentrado y lo enviaría a otra planta procesadora en Metropolis, Illinois.

Ejecutivos de la industria dicen que nuevas tecnologías, como contenedores de desperdicios radiactivos sellados, hacen que el proceso resulte más seguro que en el pasado.

Pero el plan de Energy Fuels tiene numerosos detractores. La gente de Paradox Valley ha visto cómo comunidades vecinas tuvieron que lidiar por años con desperdicios radiactivos. Y el personal que trabajó en las minas padeció de problemas pulmonares, incluido cáncer.

En todo el país comienzan a delinearse batallas similares y sectores que velan por el medio ambiente se preparan para resistir la apertura de nuevas minas y de instalaciones nucleares.

A partir de la década de 1940 y durante la Guerra Fría, muchos empresarios consiguieron los derechos de tierras con grandes reservas de uranio. Hubo poca supervisión gubernamental de las minas y las plantas, según Glasier, quien pasó 14 años trabajando con una firma grande productora de uranio.

Los mineros tiraban a un costado el uranio inservible.

"No había normas sobre cómo disponer de los desperdicios en esos días", dijo Glasier. "Esas plantas no tenían ninguna medida para proteger el ambiente. Hoy la industria del uranio tiene regulaciones más severas que las de cualquier otra planta química en el mundo".

Tras la caída del Muro de Berlín, el uranio almacenado con fines militares inundó el mercado y los precios se desplomaron. Un kilo de uranio costaba 80 dólares en los años 70 y se cotizaba a 20 en el 2002.

Un accidente en el reactor nuclear de Three Mile Island en 1979 y el desastre de Chernobyl en 1986 paralizaron la industria y en la actualidad ha una sola planta procesadora de uranio convencional en Estados Unidos, en Blanding, Utah.

En los últimos tiempos, no obstante, cobró nuevamente fuerza la idea de aprovechar la energía nuclear.

En enero la Comisión Reguladora Nuclear recibió la primera solicitud de permiso para una planta procesadora de uranio en 20 años. Desde entonces llegaron otros 27 pedidos en Wyoming, Nebraska, Dakota del Sur, Arizona y Nuevo México. Esa cifra no incluye las solicitudes que puedan surgir en Utah, Colorado y Texas, que tienen sus propias agencias reguladoras.

Steve Carlton, director de la unidad de supervisión de la radiación del departamento de salud de Colorado, dijo que las regulaciones del procesamiento del uranio son mucho más estrictas ahora.

"Son instalaciones muy complejas y requieren muchos análisis de nuestra parte. Pero también requieren mucha preparación y diseños de las compañías", expresó.

Glasier, de 62 años, llegó a Paradox Valley hace 15 años y comenzó a criar ganado en una extensión de 48.000 hectáreas. Hace tres años, empezó a comprar tierras en Colorado y Utah y luego creó la empresa Energy Fuels.

En las reuniones en las que trató de conseguir los permisos para su proyecto, la gente de la zona expresó sus temores.

Pero Glasier afirma que "si revisan las protecciones que tiene esta planta, se darán cuenta de que es algo que no afectará el medio ambiente".

Marie Moore, de 54 años y quien produce vegetales orgánicos, no está tan convencida.

"La realidad es que le gente comete errores. Hay accidentes por más que se tomen todos los recaudos", declaró. "Quisiéramos que se enfocasen en la energía renovable más que en la energía nuclear".


 

 

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