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Renuncia a Gobernación II

8 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Esteban Moctezuma Barragán

Sonó el teléfono en domingo por la tarde. Contesté y escuché “Habla el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, ¿se encuentra el Secretario de Gobernación?” “Está usted hablando con él, señor” respondí. “Ah, me da gusto saludarlo. Perdón por no haberlo reconocido, pero ¿por qué contesta usted el teléfono? me preguntó”. “Porque está usted hablando a mi casa”. “Don Esteban, necesito hablar con usted con cierta urgencia. ¿Cuándo pudiéramos vernos para comer o desayunar?”

Como secretario de Gobernación, consideré importante escuchar lo que el ex presidente tenía que decir, por lo que acordamos desayunar el siguiente martes 28 de febrero.

En el momento en que colgué el teléfono llamé al Presidente de la República para informarle de la conversación y solicitar sus instrucciones.

¿Debería confirmar la cita, cancelarla, comentarle algo de parte del Presidente, preguntar algo específico del interés de Zedillo? El Presidente me instruyó que acudiera al desayuno: “Sólo ve y escúchalo”.

El lunes 27 hablé varias ocasiones con el Jefe del Ejecutivo para comunicarle diversos acuerdos que estábamos logrando para reinstalar el diálogo con el subcomandante Marcos, roto el 9 de febrero por la decisión de girar órdenes de aprehensión en su contra.

En aquella ocasión no se había consultado al secretario de Gobernación la pertinencia de enviar al Ejército a Guadalupe Tepeyac, cuartel general zapatista, hasta que fue decisión tomada. Por ello, presenté a Zedillo mi renuncia. Sin embargo, inmediatamente después de haber incursionado a territorio zapatista para aprehender a Marcos y a sus principales mandos, el propio Zedillo me solicitó restablecer el diálogo y ordenó al general secretario que se inmovilizara el ejército en las posiciones que ya había ocupado.

Ante esa encomienda, que iba a evitar un inútil derramamiento de sangre, acepté reiniciar los contactos para lograr una paz digna y justa en Chiapas.

En una de mis llamadas al Presidente, le recordé mi compromiso del día siguiente y volví a preguntar con todo rigor si me instruía Zedillo a confirmar el desayuno, si existía algún tema específico que debiera tratar o alguna información de relevancia a preguntar.

Volví a recibir la misma respuesta: “Sólo ve y escúchalo”. Temprano el martes 28 de febrero de 1995, Carlos Salinas de Gortari me mostraba unas fotografías de aparentes elementos de la Policía Judicial que estaban frente a la casa de su hermano Raúl.

“Quiero que le informe al presidente Zedillo de esta situación de la que debe estar enterado y que una vez que conozca lo que está sucediendo pueda darnos una explicación”.

Fue un encuentro breve, me entregó las fotos y salí rumbo a Bucareli desde donde iba a informarle al Presidente por la red, sobre el mismo. Estaba extrañado, ya que el procurador Lozano Gracia no me había informado algo al respecto y tampoco el Presidente había hecho referencia alguna.

Camino a Gobernación encendí la radio y por poco me infarto de la incredulidad al escuchar que en esos momentos estaban aprehendiendo a Raúl Salinas de Gortari.

Le solicité a Emilio, mi chofer, desviar el rumbo y conducirme a Los Pinos para hablar con el Presidente y solicitar por segunda ocasión aceptara mi renuncia a Gobernación. ¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué me envía al desayuno sabiendo lo que sucedería minutos después?

No era aceptable permanecer en un cargo de responsabilidades tan delicadas y trascendentes para mi país con ese estilo de gobierno.

Ninguna carrera política podía justificarme permanecer en esa situación.

emoctezuma@tvazteca.com.mx

Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca

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