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Pedirle demasiado a la cultura

10 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Sara Sefchovich

En la entrega de los Premios Nacionales de Ciencias y Artes, el Presidente dio un discurso en el que afirmó que el Estado valora a sus intelectuales y creadores y anunció apoyos para el sector cultura consistentes en un presupuesto de 18 mil 300 millones de pesos, 600 millones más que el año anterior.

Un mes después, en la ceremonia para festejar los 25 años de la creación del Conaculta, Peña Nieto dio a conocer la razón por la cual le parece que la cultura es importante para México: porque es “un medio para la cohesión, la inclusión y la prevención social de la violencia” dijo, “para la armonía y la reconstrucción del tejido social”.

¿De verdad la cultura puede hacer todo eso que se espera de ella?

La mayoría de quienes se dedican a estos menesteres afirman que sí puede. Según Benito Taibo, “un chavito de 13 años que lea el Diario de Ana Frank y Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, difícilmente a los 18 años será un sicario que corta cabezas, porque lo tocó la gracia de la literatura”. Guadalupe Loaeza opina parecido: “La música es un antídoto contra los sicarios”, pues según un lector: “Un niño o joven con un instrumento en la mano jamás lo cambiará por un arma o una droga”. Elena Poniatowska asegura que “si todos nos educamos, estudiamos, leemos, si estamos en las ferias de libros, si las defendemos, si las amamos, todos nosotros vamos a sacar a nuestro adorado y admirado país del agujero en el que ahora se encuentra”.

Tal vez por ese modo de pensar, es que el primer mandatario consideró que si le da más dinero a las instituciones encargadas de cultura, logrará mejores resultados en la lucha contra los delincuentes.

Sin embargo, la ecuación

no es tan simple

Para empezar, porque ella se basa en una idea de la cultura como “los productos, bienes y servicios que se crean como resultado de los actos libres de autoexpresión”, pero la cultura es algo más amplio, son los valores, creencias, reglas y prácticas, que aprendemos y reproducimos en nuestra vida cotidiana, que “guían, sitúan, legitiman y dan sentido a las acciones y comportamientos de los individuos” y “proporcionan la lógica fundacional de nuestro pensamiento así como los recursos que tenemos para encarar lo que hay que resolver”.

Esta manera de entender la cultura es la que tiene que ver con la forma como los seres humanos interpretan su existencia, asignan significados a sus prácticas, conducen sus comportamientos y acciones y le dan sentido a su vida.

Resulta entonces que la situación de delincuencia y violencia que tenemos no se debe a la falta de acceso a los productos culturales sino a una cultura que ha legitimado a la riqueza y el poder como lo más elevado y que ha colocado a la violencia como método para conseguirlos.

Entonces, si bien es muy importante apoyar y estimular la producción de cine, literatura, teatro, pintura, música, danza y otras manifestaciones de la creatividad y el pensamiento, y si bien es fundamental aumentar el presupuesto para generar más bienes y productos culturales, ello no tiene que ver con el objetivo propuesto de terminar con la delincuencia y reconstruir el tejido social.

Las autoridades y los creadores quisieran creer que sí, que puede suceder, pero los científicos sociales sabemos que no es tan sencillo y pedirle a los productos culturales que sean responsables de nuestra salvación como sociedad y como país es demasiado. Lo malo es que esta idea ahora parece normal y todo mundo la repite, sin que haya elementos para afirmar que es posible.

Sin duda al país le hacen falta bibliotecas, exposiciones y obras de teatro, pero no porque ello vaya a servir para terminar con la violencia, ya que ella se sustenta en una concepción de la vida, de las relaciones humanas y de la idea de futuro del todo diferente a la que genera y sustenta a la creación de los productos culturales.

sarasef@prodigy.net.mx

www.sarasefchovich.com

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