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México: campeón mundial

22 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Para decepción de los aficionados al futbol, no estoy hablando del próximo campeonato mundial que se va a celebrar en Brasil, no soy adivino y, de momento, tengo descompuesta mi bola de cristal. No obstante, si me presionan a que opine al respecto como cualquier espectador, diré que si nos atenemos a los antecedentes del futbol mexicano, a la política de promoción deportiva entre las grandes masas de jóvenes, a la exigencia de entrega y resultados más allá de la propaganda comercial y otros aspectos relacionados con el bajísimo rendimiento de nuestros deportistas profesionales, me atreveré a decir que lo dudo mucho, que los aficionados deben estar preparados para una utilización de su legítimo interés para sentarlos a ver y escuchar una catarata de comerciales durante la primera y tal vez la segunda vuelta, para después, junto con la selección a su patria, regresarlos a la realidad.

Hablo más bien en esta ocasión de las ganancias de los bancos asentados en México, un país tan lleno de pobres que, si lo juzgáramos por los beneficios que obtienen los bancos, llegaríamos a la errónea conclusión que se trata del país que tiene la población más adinerada del mundo. Veamos. Si usted acude al banco a que le guarden sus ahorritos y lleva, por decir algo, unos 10 mil pesos, le van a pagar intereses de entre 0.93 y 1.11 por ciento; en cambio, si necesita algún dinero y lo pide prestado, tendrá que pagarle a su banco entre 38 y 43 por ciento, hay aquí una diferencia mínima de 36.9 puntos, margen que les dejó a los bancos el año pasado una utilidad de 87 mil 700 millones de pesos, el doble de lo que el gobierno federal ha anunciado que invertirá este año en Michoacán.

Recientemente,la diputada Mariana Dunyaska García Rojas (PAN), secretaria de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación, citó como ejemplo de estas enormes ganancias, al grupo español BBVA, el cual informó recientemente que al menos un tercio de sus ganancias mundiales proviene de su filial Bancomer, ubicada en México. Si a los diminutos intereses que se le pagan a un ahorrador, les descontamos la inflación, el aumento anual de los precios, obtenemos como resultado que el dinero que retira el ahorrador, con intereses incluidos, es una cantidad real menor a la que depositó, el ahorrador pierde dinero.

Buen negocio ¿no? Pero aunque disponga usted de capital suficiente para invertir, no se emocione mucho, entrar al “business” no es nada fácil, está altamente protegido y, consecuentemente, monopolizado, ya que siete instituciones concentran el 83.3 por ciento de los depósitos de los mexicanos y la gran mayoría de ellas son propiedad de extranjeros. Este inmenso monopolio que, como todos los monopolios, sólo tiene controles simbólicos, ya ha probado ser altamente pernicioso, no sólo para los ahorradores e inversionistas ahorcados por su poder, sino para la estabilidad de la economía del mundo.

No debe olvidarse que la pasada crisis económica de sobreproducción -¿pasada? quién sabe- se inició como una crisis financiera, la cual, exquisiteces teóricas aparte, consistió en que los bancos más poderosos del mundo, principalmente de los Estados Unidos, urgidos de cobrar intereses, prestaron dinero a diestra y siniestra y luego no lo pudieron cobrar y, claro, tampoco pudieron pagar a sus ahorradores (grandes y pequeños) y, no debe olvidarse, tampoco, que los malos manejos de los bancos causaron miles de quiebras de negocios en el mundo y que varios gobiernos tuvieron que destinar enormes cantidades de dinero del pueblo para “rescatar” a los bancos que ahora siguen tan tranquilos hinchándose de riqueza. Perder la memoria es volver a cometer los mismos errores, caer en el mismo agujero.

Paul Krugman, el Premio Nobel de Economía y a quien nadie podría acusar de ser enemigo del sistema de mercado, escribió hace quince días un artículo en el New York Times en el que advierte de una nueva crisis general “por contagio” que se está gestando en la situación económica de Turquía. El señor tampoco es adivino, pero vale la pena tener en cuenta sus previsiones.Krugman señala que los intervalos entre las crisis mundiales se han estado acortando (muchos tacharon a Carlos Marx de loco cuando en su obra maestra publicada en 1867 descubrió que las crisis eran consustanciales al sistema de la propiedad privada de los medios de producción) y, señala también, que los daños causados por cada nueva crisis son cada vez más devastadores.

Krugman relaciona la crisis de Latinoamérica de los años 80, la de Asia en los 90 y, más recientemente, la de Grecia, España y Portugal, con los inmensos flujos de dinero que lanzaron los bancos y, hablando de sus consecuencias cada vez más graves, señala que el PIB se redujoen el caso de México, un 4%; en el caso de Indonesia, un 14% y, en el caso de Grecia, ya un 23%. En el caso de Turquía, el gobierno no está muy endeudado, pero sí los empresarios. Pudiera estarse incubando una nueva crisis, señala Krugman. Esto puede deberse a que la gente, dice el economista, está tendiendo a ahorrar más que a invertir. En efecto, así es, pero no sólo por un cambio sicológico, sino porque los grandes ahorradores de ahora, que eran hace no mucho los grandes inversionistas, no tienen donde invertir. La demanda del mundo está saturada, no porque los seres humanos tengan todas sus necesidades básicas y no básicas resueltas, no porque ya nada haga falta, sino porque en el capitalismo, la demanda no es necesidad a secas, es demanda efectiva, es decir, respaldada con dinero contante y sonante y en ese sentido, la demanda está saturada. Así es de que –si no la solución- el espaciamiento y la atenuación de las graves crisis que afectan al mundo, tienen que pasar por un aumento de la demanda efectiva, por un fortalecimiento del mercado interno, así se dice en términos técnicos y, en sentido humanista, por un mejoramiento sustancial del nivel de vida de las grandes masas del mundo.

¿Y los banqueros de México (que no mexicanos)? Ésos han querido resolver el problema del exceso de depositantes, pagándoles poco y cobrando mucho de interés a los solicitantes de crédito, ellos tienen, de momento, resuelto el problema de sus utilidades, pero a cambio de ahorcar a la inversión;la verdad es que los empresarios les tienen pavor a los bancos que operan en México. ¿Así va a aumentar la inversión, el empleo y, consecuentemente, el nivel de vida de los mexicanos? No creo. Las reformas estructurales tienen también que encaminarse a cortar un poco las uñas de los bancos que operan en México. No le hace que dejemos de ser los campeones del mundo.

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