Malos hábitos
| feb 19, 2013 | Comentarios 0
Todas las acciones ejecutivas en el municipio de Morelia corresponden al presidente Wilfrido Lázaro Medina. Sin embargo, el edil está necesitado de una representación ciudadana que le haga saber cuáles son aquellos problemas que están propiamente en el sentir de los habitantes del municipio, más allá de lo que se recogió en la campaña, más allá de lo que dice el plan institucional de desarrollo.
El Consejo de la Ciudad de Morelia definitivamente es una figura que hace de la política municipal un terreno más cercano a la gente. Es una buena caja de resonancia en donde toda acción política se enfrente a la independencia de criterio de los integrantes de ese Consejo de la Ciudad.
Hoy lo guía Benjamín Revuelta Vaquero. Él mismo palomeó a los nuevos consejeros que este lunes rindieron protesta. Dato curioso, los abogados son una abrumadora mayoría.
Con todo y el peso social, más que político, que tiene el Consejo de la Ciudad, no hay que exigirles una labor más allá de su función honorífica. Son destacados morelianos que por diversas trayectorias personales se han distinguido dentro de la sociedad moreliana. Dicho esto no en el concepto elitista. Son morelianos de valía y son parte de lo que los morelianos son, con sus virtudes y todo lo demás.
Como no es dable pedirles que se pongan a trabajar de tiempo completo, distrayendo sus propias ocupaciones, hay que recordar que no son una competencia a lo que sí le está impuesto como deber al cabildo moreliano. Estos sí cobran y están obligados a dar todo su esfuerzo, sin cortapisas ni descanso.
Entonces, en dónde radica la función de ese Consejo Ciudadano, se puede preguntar. Sencillo, muy sencillo y a la vez complicado.
Como resultado de sus reuniones periódicas, las deliberaciones deben conducir a la identificación de los principales problemas generales de la ciudad, que los tiene y muchos. Pero antes de preocuparse si algún jardín necesita iluminación o si las tarifas del OOAPAS son excesivas, el papel preponderante que deben jugar es el del cambio de hábitos sociales.
Hay que adaptar a la ciudad a mejores hábitos de convivencia en comunidad. Ese debe ser el objetivo principal del Consejo. Benjamín Revuelta Vaquero, que hizo sus estudios de posgrado en el extranjero, lo sabe. Pero no lo debe olvidar. Si el Consejo de la Ciudad logra cuando menos cambiar dos malos hábitos sociales, se anotarán un triunfo rotundo.
Para prevenir el secuestro, de hombres y septuagenarias, el Consejo de la Ciudad le debe exigir al presidente municipal que la policía municipal a su mando impida la circulación de vehículos sin placas. Para prevenir la muerte y lesiones de personas, hay que emprender una fuerte campaña para subir a los peatones a las banquetas. Sencillo, ¿verdad? Pues no tanto, se requiere voluntad, firmeza y constancia.
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Publicadas: Editoria
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