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Lo individual no es colectivo

24 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Sara Sefchovich

Somos todos los mexicanos delincuentes violentos que andamos armados, disparando a la menor provocación, colgando a las personas que no nos gustan de los puentes, extorsionando, secuestrando y asesinando solo porque algunos hacen eso? ¿Somos todos los mexicanos priístas porque un priísta es presidente de la República? ¿Somos todos los mexicanos corruptos porque varios líderes sindicales lo son?

A nadie en sus cabales se le ocurriría decir eso. Porque sabemos bien que los mexicanos somos un conglomerado humano muy diverso, en el que ni todos hacemos lo mismo ni todos pensamos igual. De modo que así como hay delincuentes y corruptos y priístas, hay también que no son ninguna de esas cosas.

Atribuirle a todos los que viven en un país o son de un color de piel o de una condición económica o de una religión una cierta manera de ser, es típico de un pensamiento rígido y autoritario, de quien se siente dueño de la verdad y moralmente superior y desde allí encasilla y juzga a los demás y lo hace sin voluntad de pensar y entender. Así lo dice Tzvetan Todorov: “Las explicaciones de las conductas por la pertenencia de los individuos a su grupo son cómodas. No es preciso perder el tiempo analizando cada circunstancia porque se posee por anticipado la respuesta, que además el gran público entiende y recuerda con facilidad”.

Lo anterior viene a cuento porque hace unas semanas, se publicó en un diario de circulación nacional una carta en la que una docena de abajo firmantes se referían a la muerte del general y político israelí Ariel Sharon, en la que hacían manifiesto su repudio a ese militar por sus acciones. Todo eso por supuesto, es muy su derecho, pues cada quien tiene sus causas y sus posiciones.

Lo que sin embargo resulta inadmisible, es que en aras de sustentar sus dichos, se fueron tan lejos hasta acusar a todos los ciudadanos de Israel y más aún, a todos los judíos, de ser iguales al susodicho. En su opinión, la elección de Sharon como primer ministro fue “muestra de la moralidad de la política israelí” y no contentos con decir eso, afirmaron que todos los rabinos eran “complacientes con el genocidio” y que el personaje en cuestión era “una vergüenza para Israel y el judaísmo”.

La semana pasada dije en este espacio, a raíz de mis comentarios sobre los presidentes Obama y Hollande, que lo personal es político. Hoy digo que lo individual no es colectivo y que no se puede acusar a todos los ciudadanos y a todos los líderes religiosos que viven en un país por lo que alguien hizo. Y lo más grave todavía: acusar a toda una cultura de ello, pues ¿qué tiene que ver el judaísmo con las decisiones de un jefe militar?

Este modo de pensar nos indigna cada vez que en Estados Unidos juzgan a todos los mexicanos por algún delito cometido por un mexicano, o cuando se considera terrorista a cualquiera que sea de religión musulmana, o ladrón a alguien por ser pobre, pues se mete a millones de personas en un mismo saco sin tomar en cuenta sus diferencias. Porque así como en México hay gente de derecha y gente de izquierda, gente que está de acuerdo con el gobierno y gente que está en contra, así la hay en Israel y en todas partes del planeta tierra, entre todas las personas de cualquier religión, color de piel, cultura, situación social y económica. No ver esto y pasar a todos por el mismo rasero (el de “mí” modo de ver las cosas) es volver a las épocas más oscuras de la humanidad, esas que justificaron inquisiciones, gulags y guantánamos.

La carta citada es ejemplo de ello. Pero flaco favor le hicieron sus firmantes a su causa, cuando para defenderla recurrieron a estas maneras de “argumentar”. A fin de cuentas, resulta evidente que la acusación que le lanzaron a los otros de carecer de calidad moral se les revirtió por completo pues son ellos quienes se mostraron cegados por sus prejuicios.

sarasef@prodigy.net.mx

www.sarasefchovich.com

 

 

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