La prisión según el evangelio de cada quien
admin | mar 06, 2013 | Comentarios 0
José Carreño Carlón
Hay mensajes confrontados en la agenda de los medios de la semana. Por un lado está la formal prisión dictada el lunes a la ex líder de los maestros. Por otro lado, la marcha de ayer del sindicato que dirigió Elba Esther Gordillo y el paro en las escuelas de sus disidentes en varios estados, unidos con el fin de combatir la reforma constitucional promulgada hace 10 días, que entre otras cosas plantea rescatar la educación básica del control sindical.
El inicio del proceso penal contra la ex dirigente se enmarcó en el mensaje del presidente Peña Nieto de que en México ya no hay intocables. Y, a su vez, el marco en que se dio esa declaración fue la asamblea en que el PRI se pronunció contra los monopolios y removió los candados que le impedían poner a discusión temas como el IVA y la participación de capital privado a la industria petrolera.
Como suele ocurrir, cada grupo político, cada espacio mediático, cada participante en la esfera pública atiende, procesa y retiene a su manera los mensajes con los que los grandes definidores de la agenda de los medios se proponen incidir en el debate y en nuestras conversaciones y percepciones. Así lo describió Joseph Klapper en su concepto de “percepción selectiva”, a partir de su libro de 1960 The effects of mass Communications, “un análisis de investigación —reza el largo subtítulo— sobre la efectividad y las limitaciones de los medios al influenciar las opiniones, los valores y los comportamientos de sus audiencias”.
Cada quien sus expectativas
El punto aquí es que atendemos y retenemos selectivamente los mensajes de los medios con el filtro de nuestras creencias, valores y actitudes ante situaciones y personajes, pero también conforme a expectativas: lo que esperamos de esos mensajes. Y hay que ver aquí las expectativas que despertaron en la determinación del nuevo gobierno los medios internacionales, tanto por el arresto de Gordillo como el mensaje sobre el fin de los ‘intocables’. Para Financial Times, Wall Street Journal, El País, esos intocables cuyo final se anuncia no son otros que los magnates mexicanos de la telefonía y, en general, de las telecomunicaciones; por supuesto también la televisión.
La caída de Elba según cada evangelio. O cada quien sus villanos. Para algunos actores políticos y sus replicantes en los medios, en la lista de intocables a liquidar no pueden faltar, según el gusto, los líderes de los otros sindicatos o los gobernadores con cuentas abultadas en excesos y ayunas de transparencia. Y en un país con tasas históricas de impunidad que rebasan 90% de los delitos cometidos, el público tiende a construir sus percepciones con el filtro de una creencia extendida: sin poner en duda los cargos que se le hacen, cuando se llega a sancionar a alguien como Gordillo —en este creencia enraizada— ello es por la decisión de un poder superior. De allí la expectativa alimentada en los medios de que ese poder, el del presidente de la República, se vaya contra la lista de intocables de cada quien, como prueba de congruencia entre el arresto de Gordillo y el mensaje presidencial.
La personalidad autoritaria
Y aquí hay otros dos clásicos para ayudar a entender la marcha de ayer del sindicato de maestros que controló Gordillo y los paros de sus disidentes contra la reforma constitucional. La ‘teoría de la disonancia cognitiva’ de Festinger ayudaría a comprender el sentido de orfandad que produce en las bases sindicales el ver sometida a prisión a la líder considerada todopoderosa, en una cultura gremial formada precisamente en la admiración y el sometimiento al poderoso; esto, en los términos de ‘La personalidad autoritaria’ de Theodor Adorno. Y otro de los hallazgos de este pensador vale igual para los disidentes y los leales a Elba: el de la sumisión incondicional a la autoridad idealizada del grupo al que se pertenece, vista como escudo protector ante el temor al cambio.
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Publicadas: José Carreño Carlón
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