JUSTO, cuando el viejo sacristán
admin | mar 10, 2013 | Comentarios 0
TOCA MAL
JUSTO, cuando el viejo sacristán atravesaba por el atrio y nos miraba de reojo, nosotros íbamos entrando a Noruega, en una embarcación de grises velas y entre los acantilados donde se estrellaban las olas y revoloteaban las gaviotas…
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EN el barco vikingo impulsado por decenas de remeros con el torso desnudo, íbamos Guillermo, “El Alacrán”, Gustavo, el “Gavilán” y yo, el “Avispón”. Con voz pausada Guillermo narraba la aventura en la que los personajes éramos los tres chiquillos del barrio. Era un imán la imaginación del flaco, pues nos tenía con la boca abierta; lo mismo nos trasladaba al Siglo XVII, que nos llevaba navegando por los siete mares, por Francia, Gales, Irlanda y Escocia…
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AUNQUE nosotros no teníamos más de 55 kilos, formábamos parte de aquella tripulación de rudos, musculosos vikingos, de más de cien kilos de peso, con cascos de acero adornados con afilados cuernos, signo de rudeza… Sí, si, pero… ¿qué hacíamos ahí? Insistía el bonachón de Gustavo al flaco.
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NOS enrolamos con los hombres de mar, para combatir la venta de esclavos a los reyes en todo el mundo… Sentado sobre sus piernas cruzadas en actitud yoga, nos decía Guillermo que solo simulábamos ser vikingos aventureros… Fue así como una helada madrugada llegamos a Normandía, donde sorprendimos a los guardias y en violento encuentro rescatamos a decenas de hombres, mujeres y niños esclavos.
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TAL era la magia de su imaginación y su plática, que Guillermo nos tenía con los ojos abiertos, y todo oídos, que cuando menos acordábamos… ¡Jesús, eran las 9 de la noche…! Y vaya que reuníamos desde esa hora en que el crepúsculo pintaba de rojo la torre del templo…
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CON su amena narrativa, Guillermo nos llevaba de la mano hasta un mundo imaginario donde los tres éramos los héroes ya en la vieja Roma, en África, Birmania, Camboya, y otros países. Una noche de fuerte viento y alto oleaje recibimos la orden de desembarcar para rescatar a la hija del jefe vikingo, secuestrada por el rey. La bella muchacha estaba encerrada en un palacio amurallado. Sigilosamente subimos por entre las rocas. Y… ¡ZAZ…! Sorprendimos a los guardias quienes no alcanzaron a desenvainar sus espadas… Con temor que los latidos de nuestros corazones nos delatara en el silencio de la madrugada, “El Alacrán” “El Gavilan” y yo “El Avispón” avanzamos. Abrí el portón. Al vernos la joven intentó gritar. “El Alacrán” le dijo, somos amigos, venimos a salvarla. Al llegar con ella, los vikingos nos vitorearon y el jefe nos felicitó. Nada como la felicidad que da servir nos decía Guillermo, “El Alacrán”… Se me grabó…
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¿CUÁL sería la siguiente orden del gran jefe vikingo?
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TRAS una breve pausa, comíamos un plátano, guayaba o una lima. Los tres permanecíamos en la ventana del atrio y la gente nada más nos veía… Al viejo sacristán le picaba la curiosidad: ¿qué hacíamos…? Nunca imaginó que mientras él iba a tocar las campanas, nosotros surcábamos los siete mares en busca de aventuras… y colorín colorado… Gratitud al inolvidable “Alacrán”, Guillermo Valdez Zaragoza…
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Publicadas: Toca mal
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