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EXIGENCIAS PARA NEGOCIAR EL CONFLICTO MICHOACANO

19 de enero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Diálogo

Mateo Calvillo Paz

  La Tierra Caliente michoacana vive un momento sumamente delicado en un momento en que grupos participantes buscan, en una situación de guerra, una solución al conflicto que se vive de manera dolorosa y trágica en buen parte de Michoacán.

La inseguridad, violencia y muerte repercuten en todas las manifestaciones de la vida social: economía, salud, educación, todo. Es un estado general de agonía del cuerpo social.

Debemos estar atentos a los signos de los tiempos para ubicarnos en la situación y percibir el compromiso histórico que se nos exige.

 

Señalo una dimensión ignorada, tal vez, en la crisis, la moral. Todos buscan la solución pragmática reducen el problema a la estrategia, acciones y recursos para hacerse del control de la situación, se quedan ahí.

Se debe insistir en la dimensión moral del conflicto, inherente a toda situación y acción humana.

Detrás de todas las propuestas hay una visión del hombre, se quiera o no. A veces puede ser implícita y necesita ser deducida de las posiciones que se adoptan frente a la solución del conflicto.

Hay una que prescinde de la dimensión moral cuando sólo se consideran las políticas y estrategias, medios materiales y humanos. Si no se considera la dimensión moral se mutila al hombre, se le trata como uno animal o un robot, en un nivel pragmático. La solución es inmediatista, no engloba toda la realidad y la trascendencia del hombre, ser inteligente y libre. Las soluciones, de entrada son parciales y no van al fondo del problema, la solución es superficial.

 

Hay que considerar la dimensión moral, sus principios y valores.

El valor primero, central de todo proyecto humano  y su realización es la persona humana, única, creada a imagen y semejanza de Dios.

Se construye un edificio de valores que dimanan de la persona humana: La vida, la integridad contra los asesinatos y violaciones de las esposas y las hijas, el bien común, o sea el conjunto de condiciones y medios para para alcanzar su destino definitivo y tranquilo y feliz.

Hay valores que deben guiar absolutamente las negociones para resolver el conflicto, como el estado de derecho, la justicia. En el fondo está el amor al prójimo como lo enseñó y practicó el más grande de los maestros.

La ley humana, como la Constitución, tutela los derechos en la justicia. Si no es así, se pervierte y no obliga. Fuera de esta ley sí se puede estar.

 

No se puede ignorar la presencia del mal. Actúa desde las sombras, induce a mentir y asesinar, a faltar al deber por intereses mezquinos, por pactos perversos, a no cumplir la palabra empeñada en los acuerdos. El mal se hizo presente en  el corazón del hombre y lo dañó desde los orígenes, es el pecado original. El hombre está inclinado al mal que lo seduce y engaña, es capaz de hacer el mal, queriéndolo o no. No todas las decisiones y actos del hombre son moralmente buenos. Dice hacer el bien y hace el mal.

 

Los gobernantes necesitan tener una idea realista, lógica de su condición humana. No son dioses que todo lo realizan con sólo su palabra. No son mesías celestes que todo lo hacen bien por su calidad moral y su tarea bien hecha. Su acción es limitada: pueden equivocarse y realizar los trabajos con ineficacia y torpeza, pueden pretender que los hacen cuando simplemente dejan de implementarlos. Las tareas no cumplidas son elemento que no debe ignorarse en las negociaciones.

Con esta conciencia, alcanzarán una gran virtud, la auto crítica: aceptarán que se equivocan, que no hacen la tarea, que no siempre buscan el bien de la ciudadanía que supuestamente los eligió.

 

El conflicto en Michoacán me parece claro, no sé si así les parezca a los actores sociales que negocian una salida. El problema está que los comisionados no tienen, con frecuencia, toda la voluntad y virtud para tomar la decisión adecuada sacrificando intereses personales, partidistas, sin cuidar la imagen, el capital político y las ventajas de dinero y poder.

 

Los creyentes tienen un recurso aparte, pueden asociarse con la Fuerza Suprema, buena que expulsa los demonios y crea el mundo nuevo del bien, la justicia, el amor. Les queda la fuerza de la oración. Todos los católicos deben orar intensa y largamente en estos momentos, pidiendo que cese la violencia y venga la paz.

Hay que orar por la conversión de los policías, sus jefes y autoridades hasta el más alto. No sólo los de abajo necesitan conversión y limpia. Sus jefes deben ser medidos con misma medida.

Hay que orar por la conversión de los sicarios y sus jefes. Dios sabe la historia de dolor que arrastran, él los juzgará, eso no nos toca a nosotros. En todo caso, ¿son ellos más pecadores que otros que delinquen en la trinchera del bien y del servicio público presentándose como gente decente?

Hay que orar por las autoridades responsables de tomar decisiones de manera que cese el terror y la muerte y se restablezca la paz, para que cumplan su misión de tutelar el estado de derecho y aplicar la justicia y no traicionen su misión por cuidar su imagen y conservar sus privilegios materiales. De ellos depende liberar al pueblo de los malvados que los oprimen  y matan y darles libertad y vida digna y plena.

 

Ante el problema de Tierra Caliente no podemos hacernos disimulados, ni ver las acciones desde la tribuna. Debemos saltar a la cancha y tomar nuestro puesto para vencer en el partido contra la selección del crimen, reforzada por autoridades y guardianes del orden que se pasaron al campo contrario. Involúcrate, encuentra la manera.

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