El PRI desmitifica la “sana distancia” con el Presidente
admin | mar 06, 2013 | Comentarios 0
Leo Zuckermann
Hace bien el PRI en desmitificar el absurdo precepto zedillista de la “sana distancia” entre el Presidente y su partido. En una democracia, todo gobierno es un partido político en el poder y su líder natural, hasta formal, es el Presidente, en un régimen presidencial, o el Primer Ministro, en uno parlamentario. Hoy Barack Obama es el líder indiscutible del Partido Demócrata en Estados Unidos, como Mariano Rajoy lo es del Partido Popular en España. ¿Alguien tiene alguna duda que Peña Nieto es hoy por hoy el líder de los priistas?
Desde luego que no y es mejor asumirlo, incluso hasta legalizarlo en los estatutos del partido. Es lo que hizo la Asamblea Nacional del PRI el pasado fin de semana. A partir de ahora, si el Presidente es priista, será miembro del Consejo Político Nacional y de la Comisión Política Permanente (CPP) del partido.
Este último órgano colegiado tendrá atribuciones muy importantes como “fijar la posición del partido y recomendar las acciones conducentes; contribuir al enriquecimiento de la agenda nacional; favorecer el diálogo político con las distintas fuerzas políticas y sociales”. Pero lo más relevante es que la CPP “podrá aprobar la postulación de candidatos al Congreso de la Unión, a gobernadores y jefe de Gobierno del Distrito Federal, a ciudadanos simpatizantes, cuando su prestigio, fama pública, además de los estudios demoscópicos (como encuestas y sondeos) señalen que se encuentran en un nivel de reconocimiento y aceptación superior al de los militantes que aspiren al mismo cargo”. Además del Presidente, participarán en la CPP los gobernadores de filiación priista, los coordinadores en el Congreso, representantes de los sectores del partido y algunos diputados locales y presidentes municipales.
Un mito es la “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”. En México tenemos muchos mitos a propósito del Presidente. Mitos que no corresponden a la realidad del papel del jefe del Ejecutivo en un sistema de pesos y contrapesos como el nuestro. Mitos producto de una realidad que ya no existe: la de un régimen autoritario que tuvo como eje central el ejercicio desmedido del poder presidencial. Uno de esos mitos, que sigue teniendo mucha vigencia en varios analistas, es que el Presidente no debe involucrarse en los aspectos internos de su partido.
Pamplinas. En la década de los ochentas y noventas, cuando comenzaron a abrirse la política y la economía, la relación entre los dos pilares del sistema político, Presidente y PRI, se confundió. Con Ernesto Zedillo se llegó al pináculo de esta confusión. El entonces Presidente declaró que mantendría una “sana distancia” con el partido que lo llevó al poder. La promesa se entendía en el contexto de la democratización del país.
En 2000 vino la alternancia y el nuevo Presidente panista optó por mantener el falso dictum de la “sana distancia”. En lugar de cobijarlo, los panistas marcaron fronteras muy claras con el Presidente. Y Fox los respetó: fue cauteloso en su relación con el PAN.
Con Calderón las cosas cambiaron. El Presidente sí se metió a fondo en el PAN. Entendió, correctamente, que en toda democracia presidencial se espera que el jefe del Ejecutivo tenga una base política, con los que comparte un proyecto de nación, que esté dispuesta a trabajar en conjunto para sacar adelante una agenda gubernamental. Por eso, la relación entre el Presidente y su partido fue más cercana. En una democracia, a mayor cercanía, mayor las posibilidades de éxito para impulsar un programa de gobierno.
La “sana distancia” es un recurso retórico que utilizó Zedillo en un país en pleno proceso de democratización y que terminó generando mucha confusión. En un país democrático, se trata de un mito. Si lo que se pretende es gobernar, lo necesario es una sana cercanía entre el Presidente y su partido. Qué bueno que así lo hayan entendido los priistas, que hayan asumido que su líder natural es Peña Nieto y que incluso lo hayan puesto en los estatutos. Con eso quedan las cosas claras y se evitan simulaciones absurdas basadas en mitos que sólo existen en la cabeza de analistas que siguen viviendo en el siglo pasado.
Twitter: @leozuckermann
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Publicadas: Leo Zuckermann
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