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El PAN o las trampas del poder

7 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Agustín Basave

Descansen en paz las letras mayúsculas de México: JEP

Encuentro en la historia del Partido Acción Nacional tres mensajes en torno a la ética y la política. 1) Entre su fundación y la alternancia demostró que la honestidad puede predominar dentro de un partido de oposición; 2) durante sus dos sexenios en la Presidencia de la República ratificó el lugar común de que el poder corrompe; 3) en su segunda época opositora corroboró que la corrupción no se cura por el hecho de dejar el gobierno. La conclusión es devastadora: da argumentos a quienes sostienen que no se puede gobernar con honradez y, peor aún, que la sociedad no ha de buscar gobernantes honrados sino elegir de entre los corruptos a aquellos que sean más astutos y eficaces. Y es que el PAN de hoy evidencia que la metástasis del cáncer de México ha llegado a la parte que lucía sana en el cuerpo de la nación.

Imposible evadir la evocación nostálgica. Como a la vieja izquierda, al panismo de antes se le podía criticar desde una perspectiva ideológica pero no desde el mirador moral. Es de sobra conocido que en las filas panistas había una mayoría de profesionistas probos, esos místicos del voto que resultaban irracionales a los ojos de los taimados adalides del sistema político mexicano. ¿Cómo no iban a ser bichos raros, si dejaban sus despachos para embarcarse sin posibilidades de triunfo en contiendas electorales que les hacían perder patrimonio familiar y ganar animosidad gubernamental? Aun quienes discrepaban de su proyecto de nación o quienes los juzgaban ingenuos irredentos reconocían su congruencia e integridad. Me imagino a los velocirraptors priístas de entonces observándolos con una sonrisa mezcla de escarnio, perplejidad y una subrepticia dosis de admiración.

Ahora el PAN es otra cosa. Cierto, no es lo mismo ver los toros desde la barrera que meterse al ruedo, y para torear era necesario que se metamorfoseara. Necesitaba mayor vocación de triunfo, más sagacidad y una profesionalización de dirigentes y cuadros que por cierto aún no ha logrado. Pero de ahí al espectáculo denigrante que presenciamos media un abismo. Primero vimos las corruptelas protagonizadas por funcionarios azules que entendieron la metamorfosis al revés —de la mariposa al gusano— y perdieron así la oportunidad histórica de diferenciarse en la partidocracia y de prestigiar el ejercicio del poder. Ahora vemos la guerra de lodo que libran maderistas y calderonistas. No creo exagerar al considerarlo una tragedia: el otrora referente de decencia exacerba el escepticismo y el hartazgo de una sociedad que ya no cree en nadie. Como señala Juan José Rodríguez Prats, quien se ha convertido en conciencia crítica del panismo porque no confunde pragmatismo con corrupción ni lealtad con encubrimiento: “Los panistas de antaño no dejan de repetir el pensamiento de la poesía de Paul Géraldy: ‘Qué desgracia, señor, que seamos lo mismo que son todos’. Eso se manifiesta en la actitud de muchos panistas cuando se les reclama por una conducta equivocada. La respuesta es la negación del PAN: ‘Todos lo hacen’. No lo podemos aceptar, el PAN ofreció ser distinto y distinguirse en la forma de hacer política” (Excélsior, 5/12/13).

Sus próximas elecciones internas serán cruciales. A mi juicio, sería una lástima que se confirmara la especie de que Josefina Vázquez Mota no contenderá por la dirigencia del partido; coincido con Fernando Elizondo: ella podría frenar la polarización y revertir el proceso de deterioro. Con todo, por encima de los candidatos está un legado que protegen ideólogos y militantes honorables como Rodríguez Prats, Elizondo y otros más, quienes ponen el interés de su institución por encima de ambiciones personales. Aunque se prirredizó —tomó lo malo del PRI y del PRD, el clientelismo corrupto y el tribalismo rijoso—, todavía puede demostrar que otra forma de ejercer el poder es factible. Si durante sus doce años en la Presidencia se alejó de sus valores sin acercarse a la eficacia, ¿por qué no intentar el maridaje de la ética política que propusieron sus fundadores? Pero claro, el desafío comienza por limpiar la casa: para tener otra oportunidad de gobernar al país tiene que probar antes que puede gobernarse a sí mismo con honestidad. No va a derrotar a los priístas jugando el juego que ellos inventaron y en el que son mucho más diestros que sus imitadores. Tengo para mí que su cuarto mensaje se está escribiendo: si el panismo asume el costo de echar a sus corruptos y a sus neocaciques estatales con todo y electores acarreados, el beneficio será la redención; si no, su brega acabará de desvirtuarse y su eternidad será literal.

A nadie conviene el derrumbe del PAN. Se simpatice o no con él, representa una vertiente de nuestra sociedad y un punto de equilibrio sin el cual la correlación de fuerzas de México se trastocaría, y es, a pesar de todo, uno de los contrapesos a la tentación priista de restaurar verticalmente el antiguo régimen. Un panismo débil tendría el mismo efecto que una izquierda fragmentada: pavimentaría el camino de regreso del partido prácticamente único.

@abasave

Académico de Universidad Iberoamericana

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