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El ‘House of Cards’ mexicano

5 de marzo, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Con un cinismo sin límite —o con un pragmatismo propio de la política y, sobre todo, de la política mexicana—, el señor René Bejarano dice que son “muchísimas” las cosas que no se saben de los llamados “videoescándalos”, que hace justo una década sacudieron a la política mexicana.

Y a pesar de que son “muchísimas” cosas las que debe saber la sociedad sobre los entretelones de la más escandalosa corrupción documentada en la llamada izquierda mexicana, Bejarano dice que no, que no abundará en el tema sino hasta 2018, luego de las elecciones presidenciales, cuando revelaría detalles que atesora sobre ese escándalo. Y cuando le preguntan por qué revelar lo que sabe, 15 años después, Bejarano respondió con una perla del cinismo y del pragmatismo: “Por cálculo político”.

Y, en efecto, el “cálculo político” tiene hoy en los “cuernos de la luna” a todos o casi todos los implicados en los “videoescándalos”, a pesar de que se trató de uno de los más vergonzosos actos de corrupción que involucra a un grupo político de la llamada izquierda mexicana. Y por absurdo que parezca, el más sancionado, el más apestado es el empresario que hizo la denuncia: el señor Carlos Ahumada. El argentino, sin embargo, paga la culpa por una equívoca y disparatada inversión política.

Y, como si nada hubiese pasado, hoy el señor Bejarano no sólo está de vuelta en el PRD sino que es uno de los más poderosos líderes del partido amarillo. Bejarano sigue actuando en su mejor papel: el de depredador de dinero público o privado. Hoy Bejarano es dueño de la más importante red de transporte de pasajeros del DF —RTP del GDF—, de donde obtiene millones de pesos del dinero público para fines políticos.

Y entre los líderes del PRD parece que a nadie le importa que Bejarano siga decidiendo sobre la vida de miles de ciudadanos, al tiempo que sigue siendo emblema de la corrupción. ¿Qué no el PRD nació para echar del poder presidencial al PRI corrupto? Se confirma la clásica de José Emilio Pacheco: “De viejos son lo que cuestionaron de jóvenes”.

También hoy López Obrador sigue tan campante, a pesar de que utilizó buena parte de los 200 millones de pesos que Carlos Ahumada prestó para pagar la deuda del PRD; dinero con el que se pagó la candidatura de AMLO a jefe de Gobierno. Y como si nada debiera y nada temiera, AMLO dice que por tercera ocasión será candidato presidencial, en tanto que Rosario Robles es la poderosa secretaria de Desarrollo Social del gobierno de Enrique Peña Nieto.

¿Y Carlos Ahumada? Con un pragmatismo propio de un sector de empresarios, Ahumada reclama 200 millones de pesos que prestó a la entonces presidenta del PRD, Rosario Robles, para pagar la deuda del partido amarillo con Televisa. Pero con un cinismo propio de la política, Ahumada dice tener “muchísimos más videos” en los que “hay muchísimas cosas”. ¡Qué cosas?

Está claro que son evidencias de que en su papel de empresario inescrupuloso, exitoso, beneficiado de los gobiernos de la llamada izquierda, Carlos Ahumada decidió invertir en política por la vía del financiamiento de campañas político-electorales, cuando Rosario Robles era jefa de gobierno y luego presidenta del PRD. ¿Cuántos políticos, líderes del PRD y de otros partidos, gobernantes y legisladores aparecen en los videos de Carlos Ahumada?

En realidad parece que hoy lo importante no son tanto los políticos o líderes que pudieran aparecer en los videos de Ahumada. Hoy lo importante sería comprobar que un empresario pragmático y ambicioso sin límite —como Ahumada—, no reparó en enamorar a una relevante mujer dedicada a la política y que gobernaba la capital del país para sus fines; no reparó en prestarle 200 millones de pesos para que saliera al paso de una crisis política y económica.

Al final, queda claro que se trató de una inversión en política. Y al estilo de la exitosa serie House of Cards (Castillo de Naipes), Carlos Ahumada invirtió mucho dinero en el PRD y en sus líderes y gobernantes; invirtió para enamorar a la mujer de la izquierda que hace 10 años apuntaba como potencial candidata presidencial.

¿Cuánto esperaba obtener Carlos Ahumada de esas inversiones empresariales en la política y en el poder? Al final, con el cinismo propio de un empresario pragmático e inescrupuloso, Ahumada reconoció: “No amé a Rosario”. Queda claro, utilizó a Rosario Robles y, una vez que perdió la apuesta, reclama su inversión.

Y no, el PRD no puede voltear para otro lado, porque todos lo sabían. Al tiempo.

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