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Cristianos en política

27 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

“Son prerrogativas del ciudadano: asociarse pacíficamente en los asuntos políticos del país”.

CONTITUCION art.35.III

Uno de mis lectores me hizo llegar el artículo de Roberto Blancarte publicado por MILENIO el Martes 11 del presente mes en el cual hace comentarios sobre un grupo de evangélicos que pretende obtener su registro como partido político. Considerando que son reflexiones muy importantes me permito transcribir la nota con la seguridad de que hará mucho bien a todo ciudadano sea o no religioso. Aquí el texto:

¿Partido Evangélico o con Evangélicos?

La noticia (ver reportaje de Pedro Domínguez en MILENIO de ayer) de que el Partido Encuentro Social (PES) ligado a la militancia de varias agrupaciones cristiano-evangélicas, está en vía de conseguir su registro como Partido Político Nacional, merece una reflexión seria y provoca múltiples interrogantes: ¿Tienen derecho los evangélicos a participar en la vida política del país? ¿Tendrá un carácter confesional o ciudadano? ¿Pueden los evangélicos organizarse en un partido político? ¿Por qué los evangélicos estarían tentados a organizarse políticamente y cuáles serian las consecuencias políticas y sociales de esta forma de actuar?

Empecemos con lo obvio, aunque no lo sea tanto. Los evangélicos tienen tanto derecho (e incluso obligación) como los católicos, los miembros de otras religiones o los no creyentes a participar en la vida política de la nación. En buena medida, siempre lo han hecho, de manera activa o pasiva, pero en tanto como ciudadanos y no como creyentes. Los evangélicos (o algunos de ellos, porque no todos están de acuerdo con eta forma de intervenir en la política) estarían paradójicamente cumpliendo el sueño político de la jerarquía católica, es decir que los creyentes tengan una visión “integral” de la vida y que su actuación en la vida privada y publica (es decir política) se desprenda de sus percepciones religiosas. Los evangélicos que así lo decidieran irían, sin embargo, contra las tendencias de la modernidad y la secularización, las cuales se establecen, para una mejor convivencia entre ciudadanos de distintas creencias religiosas y filosóficas, una clara diferencia de esferas entre la política y la religión, entre el Estado y las Iglesias, así como entre lo público y lo privado. En otras palabras, si los evangélicos trataran de organizarse políticamente, a través de un partido confesional serian tan antimodernos como el Partido Demócrata Mexicano o la Agrupación Política Estatal por la Vida, la Esperanza y Renovación de México, formado por trasnochados católicos de cepa conservadora, e  irían contra la tendencia general prevaleciente entre la gran mayoría de los católicos mexicanos (y de buena parte de los evangélicos) quienes siendo creyentes, distinguen entre sus esferas de acción política y religiosa, a partir de una diferenciación entre sus creencias personales y su accionar en la esfera pública. No se trata como algunos creen, de disociar entre conductas sino de entender que nadie puede llevar a una oficina pública sus creencias religiosas personales y desde allí buscar influir o imponer éstas a los demás.

Aún así, algunos evangélicos han decidido organizarse políticamente, pues como el propio Partido Encuentro Social lo admite “su militancia radica principalmente en agrupaciones cristianas evangélicas, aunque defienden el carácter laico del Estado”. La razón principal de este impulso se explica en otra frase de su página de presentación: “En México no hay religión de Estado, aunque algunos políticos, gobernantes y religiosos así lo crean”. En otras palabras, algunos evangélicos han decidido organizarse, en virtud de que, en la práctica, muchos gobiernos de todo el abanico político siguen privilegiando a la Iglesia católica y discriminando a las religiones minoritarias, particularmente a los evangélicos. La reacción ha sido entonces la de agruparse para defender mejor sus derechos y su visión del mundo, para ser mejor escuchados por gobiernos que solo entienden de presiones políticas, de cuotas de poder y de grupos clientelares. El problema es que, al hacer esto, los evangélicos están minando su propia tradición de separación entre asuntos religiosos y políticos (la confusión entre pastores y lideres políticos, o entre “agrupaciones cristiano-evangélicas y partido, son signo de ello) y empujan a que otras agrupaciones religiosas (católicas, evangélicas o de cualquier otra religión) reconfeccionalicen el espacio público mexicano. Abren así una caja de pandora, dejando escapar muchos males que creíamos ya superados. Como el de la religión interviniendo en la vida publica”.

Por mi parte creo que formar un Partido Político Evangélico significa que sus bases y objetivos serian completamente confesionales y sectaristas; lo cual estaría contra la postura del mismo Jesucristo quien declaro: “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo22:21) , estableciendo así la separación de Estado-Iglesia; y por si fuera poco, se estaría rechazando la laicidad del Estado mexicano, logro después de grandes luchas en la que muchos cristianos liberales participaron sin necesidad de formar un parido religioso, sino por defender sus derechos como ciudadanos.

Ahora bien, los evangélicos, al igual que los creyentes en otra religión, tienen la facultad de organizarse para salvaguardar sus derechos, aspecto que les asiste como ciudadanos mexicanos y no por su confesión religiosa. Por eso, contestando la interrogante con que encabeza Blancarte su artículo, una cosa muy diferente es Partido Evangélico y otra con Evangélicos; como en la actualidad sucede en que algunos partidos políticos cuentan en su membresía con personas de este credo religioso.

 

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