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Construyamos un mundo donde yo pueda ser…

23 de febrero, 2014

admin/La Voz de Michoacán

“Construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo; donde tú puedas ser sin dejar de ser tú; y donde ni tú ni yo obliguemos al otro a ser como yo o tú”. -Subcomandante Marcos-

Mi tía… Mi tía tenía muchos problemas. Había estado ganando peso y perdiendo pelo. No dormía, se mordía las uñas y rechinaba los dientes. Era irritable, gruñona y amargada. Hasta que un día de pronto, ella cambió. La situación estaba igual, pero ella era distinta. “Vieja -dijo su marido- llevo tres meses buscando trabajo y no encuentro. Voy a echarme unas cheves con los amigos” – Ok- contestaba mi tía, -ya encontrarás. “Mamá -dijo mi primo- troné todas las materias en la facultad” -ya te recuperarás, y si no, pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú -respondía. “Mamá -dijo mi prima- choqué el carro” -Ok- suspiró mi tía. -Llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto, muévete en camión. “Suegra -llegó diciendo su nuera, con maleta en la mano- vengo a pasar unos días con usted, pues ya no aguanto a su hijo”. -Ok- dijo mi tía -acomódate y agarra unas cobijas. Todos se reunieron preocupados al ver estas “no reacciones” de mi tía. Sospechaban que el médico le había recetado unas pastillas de Valemadrina, aunque seguro estaría ingiriendo una sobredosis. Pero cual fue su sorpresa que cuando se reunieron en torno a ella, mi tía explicó: “Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida. Me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi coraje, mi insomnio, mi estrés, no sólo no resolvían sus problemas, sino que agravaban los míos. Yo no soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que yo exprese ante éstas. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde. He tomado cursos de yoga, meditación, desarrollo humano, higiene mental y constelaciones… y hay un común denominador: finalmente todos conducen al mismo punto. Y es que yo puedo tener injerencia sobre mí misma, pero no en las decisiones de los demás. Ustedes tienen los recursos necesarios para resolver su propia vida. Yo podré darles mi consejo si acaso me lo piden; y de ustedes depende el seguirlo o no. Así que de hoy en adelante, dejo de ser el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, la depositaria de sus deberes o su llanta de refacción. Los declaro adultos independientes y autosuficientes”. Todos se quedaron mudos… Ese día la familia comenzó a funcionar mejor.

Saludos al estimado doctor Alonso Dávila, hasta Barquisimeto, la capital musical de la república sudamericana de Venezuela.

tocamal@yahoo.com

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