A propósito de...


Espaldas
Martha Revuelta Morales S.


La espalda es más que un dorso. En la parte posterior del cuerpo humano, desde los hombros hasta la cintura, es donde la espalda gobierna con su nombre. Si lo pierde, es porque ya no es espalda, sino cuello o cadera.

La palabra ‘espalda’ proviene del latín ‘spatula’, diminutivo de ‘spatha’. Estos términos se utilizaban en la antigüedad clásica para designar todo tipo de objetos planos, pero muy especialmente la espada plana con larga hoja de dos filos.

El diminutivo latino de ‘spatula’ se aplicaba a una especie de pala o cuchara plana de pequeño tamaño. Muchos siglos después, seguimos denominando espátula a muchos utensilios de metal, madera, cuerno o hueso con forma de paleta o de cuchillo romo y flexible.

Llamamos también 'espátula' al ave ciconiforme de largo pico, estrecho en la parte media y muy dilatado en el extremo, con forma de espátula. Al Continente Americano le es nativa la espátula rosada, semejante al flamenco, pero distinta en la forma del pico.

Los médicos romanos llamaron ‘spatula’ o ‘scapula’ (escápula) al hueso más plano del cuerpo humano, que hoy conocemos como omóplato. Por la localización de este hueso triangular y plano, que está en el hombro, se comenzó a designar ‘espalda’ a la parte posterior del tórax.

El término ‘espalda’ ha generado nuevos derivados, como el sustantivo ‘respaldo’, el verbo ‘respaldar’, que inicialmente significaba 'firmar en el dorso o respaldo de un documento', con el fin de garantizar su validez. Sin olvidar el ‘espaldarazo’, que en la antigüedad aludía al golpe de plano -y gentil- que se daba con la espada en las espaldas de uno, durante la solemne ceremonia para ser armado caballero. Hoy el término refiere respaldo o apoyo.

Este recorrido lingüístico, para aludir a la zona que contiene la mayor parte de sangre, huesos y sangre. Que carga con las dos terceras partes del peso del cuerpo humano, principalmente la región lumbar, y luego distribuye a la cadera y extremidades inferiores.

Una zona de nuestro cuerpo que no podemos ver, que no es susceptible de acariciarse fácilmente con las manos, de tallarse, de rascarse, que interviene en las actividades de levantar objetos pesados, de esfuerzos repentinos, que sufre las malas posiciones al dormir, caminar y sentarse por varias horas; que soporta el estrés, el sobrepeso, el sedentarismo.

En suma, una parte de nuestra estructura tan fundamental y potente, a la vez, sumamente vulnerable, porque se traiciona por la espalda, se hiere y se mata con ventaja. Por ello, en igualdad de condiciones, con las espaldas unidas iniciaban los duelos, confiando en el honor del otro, que no haría un ataque previo. Pero como no todo es trato entre caballeros, o mejor dicho casi nada lo es, se tuvieron que inventar los ‘guardaespaldas’.

Con las manos en la espalda conducen a los que van a ser fusilados, a los que van a hacer juzgados; quizá porque temen que una mano de su cautivo les pase por encima del hombro, recordándoles su calidad de semejantes. Si se les borra el halo de verdugo, si se toca su uniforme, una falsa jerarquía desaparece, emergiendo el humano qué se es, del que se huye. Por eso, quizá, los condenados son llevados así.

En la espalda fue llevada Europa a Creta; desconociendo que el toro blanco al que montó, era Zeus transformado; revelándole su identidad cuando estuvieron debajo de un plátano; árbol que según la mitología debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.

Caminar con las manos voluntariamente en la espalda, implica una placidez extraordinaria.  Se dice que el papa Juan XXIII fue el primero que caminó con las manos en la espalda entre las hortensias y los rododendros del jardín del Vaticano, con la misma actitud del campesino que observa las alcachofas de la huerta.

Existen ‘los espaldas mojadas’; son nuestros hermanos mexicanos y de otras latitudes. Llamados así, peyorativamente, por sus cuerpos bañados de sudor.

También quienes ‘dan la espalda’ cuando se les necesita.

En los encuentros, son las corbatas y los labios pintados quienes dialogan, las espaldas se mantienen al margen, cuando no es de profunda intimidad el encuentro; no abrazan ni gesticulan porque las manos están al servicio del torso, pero quién podría negar que sean quienes sostienen el universo, como el Atlas, titán castigado por Zeus, afortunado por ser el padre de las Pléyades, las Hespérides y de la resignada Calipso.

La espalda de la que hablaba el poeta (Octavio Paz), fluye tranquila bajo sus ojos, como la espalda del río a la luz del incendio.

La Voz de Michoacán


 

La Voz | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio

Copyright 2008 La Voz de Michoacán