Diálogo


Sin amor a sus hermanos

Mateo Calvillo Paz


Me pregunto qué piensa nuestra gente que reflexiona y filosofa: ¿Los legisladores aman a sus hermanos de la gran familia mexicana?

Algunos legisladores se oponen, sistemáticamente, a las reformas que manda el Presidente. Hay quienes, al parecer, sin humildad ni deseos de colaborar para buscar las soluciones verdaderas y, con aparente prepotencia anuncian que presentarán su propia propuesta de reforma. Su papel no es mandar iniciativas sino trabajar sobre las reformas del Ejecutivo. Los Poderes de la Unión son tres, tienen el mismo objetivo desde distintas áreas: servir al pueblo con amor, buscar el bien común.

Nos recuerdan a los chiquillos que no se quieren dejar de los otros con su incipiente uso de razón. Quieren jugar a las vencidas con el Ejecutivo.

La verdad es que no sentimos que pongan  los problemas de México, que son graves, urgentes, fundamentales, de vida o muerte, sobre todas las cosas. Buscan primero sus intereses grupales mezquinos, muy materiales, contrarios al bien del país, su lucha por el poder. No se ocupan de legislar sino de ganar elecciones, en la carrera del 2012.

No les vemos la madurez de quien sabe escuchar, colaborar, trabajar sobre una propuesta común, compartir, respetar al otro y no dar la espalda a la sociedad democrática que les dio el mandato.

No muestran la madurez, la estatura ni la excelencia personal de quienes deben servir a la gran familia mexicana y conducir los destinos del país. ¿No se supone que elegimos a los más rectos y sabios de la sociedad, a quienes mejor saben servir?

Las reformas políticas presuponen y exigen legisladores reformados, es decir renovados según un código de ética y según los valores espirituales, morales y religiosos de la rica cultura mexicana.

Hacen falta hombres que den prueba de las virtudes que algunos pocos echan a la basura a nombre del progreso y las ideas liberales. Los legisladores no muestran estos valores fundamentales: amor y servicio, humildad, visión de futuro del país con sus multitudes de pobres.

Un amigo de Jesús, el Hijo de Dios, gran apóstol, Saulo de Tarso escribe: “vivo en la fe de Cristo que me amó y se entregó a la muerte por mí” (Carta los Filipenses, capítulo.
El modelo del líder que ama a su pueblo es Jesucristo. El ama, no con promesas incumplidas ni con retóricas sonoras y huecas, no con poses en actos proselitistas sino con hechos de pureza de intención, pobreza y desprendimiento, olvido de sí, de sus propios intereses. Su vida es una entrega de cada momento, enfrenta a la muerte para librar a sus hermanos de sus miserias morales, de sus mentiras y egoísmo miope y feroz, de sus injusticias. Alimenta con su sangre sus sueños de vida digna, de libertad, para llevarlo a su destino bellísimo y definitivo.

Las reformas verdaderas que necesitamos, exigen, como condición absoluta, legisladores renovados, de gran calidad humana y capacidad de servir por amor, atentos a los grandes desafíos de la Nación. Un árbol malo no puede dar frutos buenos, afirma el Maestro.

El Demos, el México democrático, es decir todos nosotros, tenemos como tarea discernir, exigir y quedarnos con los elegidos por voto que tengan el perfil y den la medida en su gestión. De otra manera, nunca tendremos las reformas que necesitamos y seguiremos en nuestras crisis interminables, sin conocer el progreso y bienestar y vida digna.

Después de todo, no olvidemos que todos tenemos la misión de perfeccionar la democracia; sólo con el esfuerzo de todos sacaremos al estado y al país de sus crisis. Cada ciudadano es el primer constructor de un México sin violencia, de seguridad, bienestar y paz.

Es indispensable ser autocríticos y tener presentes nuestra misión en la marcha histórica y diaria construcción del país, nuestra visión y compromiso que requiere que nos renovemos interiormente.

El Demos, la sociedad democrática, nuestra Tierra Prometida, requiere también mexicanos renovados.

En nuestra conversión a Dios y a sus leyes, al amor al prójimo, empieza el camino que nos saca de la crisis y nos lleva al México ideal, sin violencia ni retraso institucional y social que tanto anhelamos.

Debemos empezar hoy, la victoria está asegurada porque nos apoyamos en el poder absoluto de Dios que está con nosotros. Quien no es capaz de renovarse a sí mismo, ¿cómo puede reformar al país?

evangrytv@hotmail.com

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