Juegos de poder


Fue muy tarde para Bartlett
Leo Zuckerman


Manuel Bartlett tiene todo el derecho de criticar a los gobiernos neoliberales del PRI. Desde hace diez años comenzó a reprobar a los gobiernos que sirvió, en particular al de Carlos Salinas. Pero sus críticas llegaron demasiado tarde y, por eso, hoy se ven como oportunistas. Nada criticó Bartlett de los “horrores” neoliberales cuando les pidió chamba a los tecnócratas neoliberales. Mucho silencio guardó en las épocas en que fue secretario de Educación Pública y gobernador de Puebla. Pero ahora, cuando el político está en la banca, critica a mansalva a sus ex jefes.

La semana pasada le preguntaron a Bartlett “si México hubiera sido un mejor país con Cárdenas como presidente”. Contestó: “Estoy convencido de que sí. Ya vimos lo que hizo Salinas, que es absolutamente reprobable. El hecho de que Salinas llegara a ser presidente de la República nos dio un mandatario que traicionó los principios de su partido y que con el poder del Ejecutivo impulsó la política neoliberal, hizo reforma tras reforma. ¿Asociado con quién? Con el PAN”.

Las declaraciones críticas de Bartlett comenzaron hace diez años cuando terminaba como gobernador de Puebla y aspiraba, otra vez, a la candidatura presidencial priista en el 2000. En ese entonces dijo que él hubiera sido un mejor candidato que Salinas en 1988: “Considero que yo tenía mejores credenciales que nadie. Y ahí están los currículos, los puede revisar”. Sin embargo, cuando el PRI, por instrucciones del presidente De la Madrid, destapó en 1987 a Salinas como candidato presidencial, Bartlett se presentó al besamanos a apoyar al elegido.

En 1988, como secretario de Gobernación, le tocó a Bartlett presidir la Comisión Federal Electoral. Su actuación fue fundamental para garantizar el triunfo electoral de Salinas. Veinte años después, otra vez demasiado tarde, Bartlett reveló en entrevista a La Jornada que “fue presionado por la dirigencia del PRI y el equipo de campaña de Carlos Salinas para que la misma noche del 6 de julio declarara ganador de la elección a este último”.

La disciplina de Bartlett en 1988 fue premiada por el nuevo gobierno. En una carta del 2006 publicada en Reforma, cuenta José Córdoba, el hombre más cercano a Salinas, que en noviembre de 1988, el presidente electo invitó a Bartlett a “desempeñar el cargo de procurador general de la República, lo que agradeció cumplidamente. En los días siguientes, me vino a decir que había cambiado de parecer y que prefería ser secretario de Educación Pública, que temía por su vida en la PGR y que sería más ameno ser sucesor de Vasconcelos. Me pidió que tratara yo su asunto con el licenciado Salinas porque él se sentía incómodo, cosa que hice. Años después, a raíz de su despido de la SEP, el Presidente le ofreció su apoyo para ser candidato del PRI a gobernador de Tabasco, lo que agradeció muy cumplidamente. En los días siguientes, me vino a decir que había cambiado de parecer y que prefería ser gobernador de Puebla, que Tabasco era un infierno climático y político, y que el ambiente del altiplano era en todos sentidos más templado. Me pidió que tratara yo su asunto con el presidente porque él se sentía nuevamente incómodo, cosa que también hice”. Bartlett ahora argumenta que hubiera sido mejor presidente Cárdenas. No para él. Gracias a Salinas fue secretario de Estado y gobernador.

Quizá desde los ochentas la ideología de Bartlett era la del nacionalismo revolucionario del PRI, lo cual lo acercaba más al cardenismo que al salinismo. Pero, en lugar de ser consistente con sus ideas, le ganó la ambición por el poder. Guardó en un cajón sus diferencias ideológicas con el grupo tecnócrata-neoliberal. Apoyó a Salinas, le fue a pedir trabajo y consiguió dos buenos puestos. Cuando su fortuna política descendió, entonces sacó del cajón su ideología y comenzó a criticar. Lástima: era demasiado tarde.

La Voz de Michoacán


 

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