Bendito mal
Miguel Ángel Correa Jasso
La democracia representativa, hoy día en el mundo, se ha vuelto un denominador común en cualquier asunto que tengan que ver con la política–política. Esto quiere decir, que no hay país en el globo que no esté asumiendo como la mejor alternativa para elegir gobierno, la democracia, entendida en su forma más elemental, como el gobierno del pueblo y para el pueblo. Bajo este criterio, es evidente que la trayectoria de trasformación del mecanismo democrático, tenderá necesariamente a ir dejando atrás como antiguallas -como ya sucede- los modelos imperialistas y monárquicos, en consecuencia el gobierno de las mayorías será sin lugar a dudas la mejor vía que hasta ahora se vislumbre para a encontrar mejores horizontes de crecimiento y desarrollo para el conjunto de la sociedad.
No tengo la menor duda, que la democracia en México ha ido avanzando significativamente, sobre todo en las últimas dos décadas, sin que esto signifique que su calidad, entendida como el respeto a la voluntad ciudadana, sin que medien mecanismos tramposos sea una realidad. En la medida en que se han ido incorporando más mexicanos al padrón electoral para elegir gobierno, esto en si mismo, se constituye en un gran avance, sin embargo de no existir su complemento que tiene que ver con la educación en materia política, la calidad se ve vulnerada y la democracia se debilita. Esto es, si los votantes, no cuentan con una base mínima para poder entender la política y elegir con plena convicción, el efecto que se tiene, es el de una democracia inmadura, toda ves que la gente será fácilmente manipulable y se facilitará la compra de votos.
Es a todas luces muy joven nuestra democracia, se requiere que desde la educación básica y hasta el posgrado, de manera obligatoria se eduque en los quehaceres de la política. Desde luego que esto no es un proceso que de frutos de la noche a la mañana, pero es urgente que las autoridades educativas comprometidas con las bondades de la democracia representativa, deben impulsar. Esperar que un gobierno de derecha se preocupe por fomentar la cultura política del pueblo es una esperanza fallida, este tipo de gobiernos siempre han centrado su interés en la ignorancia de las grandes masas, les conviene contar con gente pasiva e ignorante de su papel en las decisiones trascendentes de la Nación, por que es mas fácil controlar a los apáticos e indiferentes.
Los gobiernos que se precian de tener banderas ideológicas de izquierda, buscan siempre que las mayorías sean ilustradas y de amplia cultura política. Estas mayorías son indispensables para fortalecer lo que pudiéramos llamar la democracia representativa ideal. Si en México, la mayor parte de los que votan es gente de bajos recursos, es evidente que si contáramos con una democracia madura y de calidad, los gobiernos emanados de la izquierda estarían en la administración del poder.
En nuestro país, de ninguna manera hay que desdeñar los esfuerzos que gracias a la ruptura que se dio desde 1988, en el seno del PRI, desató un cambio democrático que ha tenido grandes frutos. Hay en el escenario político actual tres grandes fuerzas políticas –PRD, PRI y PAN- que se han dividido el poder, pero además, tal vez lo mas relevante tenga que ver, con lo que Karl Popper alguna vez dijo “lo que distingue a un gobierno democrático de uno no democrático es que solamente en el primero, los ciudadanos pueden deshacerse de sus gobernantes sin derramamiento de sangre” A pesar de que no hay proceso político puro ni concepción de la democracia como entelequia, el cambio de poderes en México ha sido en general en los últimos tiempos pacifico.
A todo esto, el proceso del relevo de la dirigencia del PRD nacional sigue entrampado, pero con visos de un pronto arreglo, Lázaro Cárdenas Batel puede ser el tercero en discordia que sane las heridas y resuelva el cisma del PRD, que es explicable en primera instancia por su juventud y los esfuerzos por encontrar su verdadero rumbo, como partido de izquierda, toda vez que hay que recordar, que su origen esta en el seno del PRI y los vicios se arrastran. Asimismo, es de condición humana, que la pelea de sus miembros por el poder en el marco de una sociedad meritocrática, implique peleas fratricidas, que aparentemente no se explicarían por la filiación ideológica. El estatus que otorga el poder político individualmente, es un estímulo para la lucha por posiciones. Cualquiera que sea pues la explicación de la crisis, ésta siempre es punto de inflexión, en este caso, refleja el final de los conflictos por la dirigencia nacional en el PRD. Este instituto político, está ante la ruta donde la inteligencia y tolerancia de sus miembros, serán los elementos cruciales para catapultar a este partido hacia nuevos horizontes, que signifiquen mejor organización y liderazgos. Es imposible pensar que México por su historia y sus luchas, pudiera prescindir de un partido de izquierda fuerte, que es justamente el único camino para avanzar en la consolidación y fortaleza de la democracia de calidad. La crisis siempre educa y a veces es una verdadera bendición que suceda, obliga a reflexionar y corregir el rumbo. Los costos que se están pagando son un mal que redime e impulsa para abrazar con mayor madurez los desafíos que están en puerta.
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La Voz de Michoacán