El modelo de nación y el narco
Armando González Carrillo
Tenemos que reconocer los mexicanos, que junto con el modelo de Nación que se impulsa desde la Presidencia de la República, se está desplegando un activismo de los diversos grupos de poder del crimen organizado, en un reparto abierto y franco de la presencia y del poder sobre todos los escenarios sociales. A lo largo del combate de todas las policías, de todos los cuerpos de investigación, han quedado a la vista la infiltración de las líneas de mando de la delincuencia organizada, de la influencia y capacidad de acción en prácticamente todos los cortes de los grupos sociales, de tal manera que su presencia, está lejos de ser la del simple acto de la fabricación de drogas, de su tráfico, del control de los mercados del consumo, con ser cierto, esto no sería lo más importante en un escenario en el que el poder del Estado ya no parce estar saliendo airoso, en lo que ha definido, es su tarea más importante, desde el Ejecutivo federal.
Es necesario que las fuerzas políticas del Estado mexicano, es decir, todas las instituciones que son las formas de conciencia, como los partidos políticos, las iglesias, las estructuras del poder federal, estatal y municipal, reconozcan que la presencia de la cultura del crimen organizado ha ido sustituyendo poco a poco a los instrumentos públicos de la vida nacional. Recuerdo que una de las manifestaciones, que entendí jocosas entonces de Rafael Caro Quintero, para mí el más certero de los constructores de poder económico y social, le planteó a los políticos de la década de los 80`s que él podría hacerse cargo de la deuda externa desde el mercado de la droga, pero no envenenando al país, sino desplegándose desde el mercado de consumo de estupefacientes en los Estados Unidos.
Pero Caro Quintero no sólo era un “empresario” exitoso en el mundo de las drogas, al lado de él estaba una extensa red de participantes en las estructuras de la economía social, de la inversión para el desarrollo de diversas regiones que significaron una presencia al estilo del crimen desarrollado de Europa, en especial en Italia, con la mafia siciliana y la francesa de Córcega y Cerdeña. Don Neto, líder de la economía de Puerto Vallarta, era uno de los líderes del mercado desde el crimen organizado, los hermanos Arellano Félix, también en el Pacífico, extendieron su poder a la economía y producción agrícola, en la inversión en bienes raíces, dándole continuidad a la visión de Caro Quintero y de Don Neto. En el financiamiento del desarrollo social, como una compensación del narco a los entornos de producción y tráfico hacia las ciudades, Caro Quintero llegó a invertir más recursos en el arreglo de iglesias, de caminos, de préstamos y donaciones a los agricultores de la sierra de Sinaloa de Leyva, de Mocorito, de Choix, en los altos de Sinaloa, que el propio Toledo Corro, gobernador del Estado de los primeros años de los 80`s.
A partir de entonces, el modelo de desarrollo del crimen organizado estuvo en contacto con las demandas de los pobres de la sociedad rural y urbana de los Estados considerados los emporios de la producción de mariguana y amapola. También es parte de la historia nacional el incidente en la Sierra de Durango, en Búfalo, en donde 10 mil trabajadores fueron concentrados para empaquetar mariguana en bodegas de dimensiones monumentales y no tuvieron por menos que liberarlos, pues se supo que fueron llevados con el engaño de que irían a la cosecha de la manzana. Pero en todo ello, hay un denominador común, más que la lógica del lavado de dinero, se han estado construyendo líneas de inversión para el desarrollo y para sostener, además como soporte social, a los grupos sociales más vulnerables, como los aliados naturales, los que habitan los entornos de la marginalidad en el campo, el desempleo en los pueblos y en las ciudades. Es un secreto a voces la participación activa en la política electoral en todos los niveles y estados de la República.
Por lo anterior, la visión política de quienes ostentan el poder en la Federación no ha entendido que da la pelea a una estructura que se ha convertido en una fuente de vida y estabilidad, si se quiere de sobrevivencia, aunque sea criminal, de una extensa proporción de mexicanos. El cómputo de por lo menos 70 millones de mexicanos que viven en la pobreza, nos dan la idea de lo inagotable que son las fuentes de operación y reclutamiento para el desempeño de la multiplicidad de tareas del crimen organizado. Mientras que hay regiones que no quieren saber nada de los políticos, de las policías, porque se convierten en la parte violenta de esa batalla, son los que agreden y lesionan con los secuestros, con la violencia y con el robo, como lo han hecho en Sinaloa, en su campaña en el reciente Eje de lucha contra el crimen organizado Culiacán-Navolato, pero también en donde el desarrollo económico ha recibido su impulso desde el financiamiento, no simple lavado de dinero, sino financiamiento para el desarrollo regional, allí está su poder y no tanto en el narco.
Los hermanos Beltrán Leyva han jugado ese rol, son reconocidos por la sociedad, la producción en el campo, la aplicación de alta tecnología para la agricultura protegida, llega desde apoyos directos y bajo la presión de las organizaciones de poder extralegal. El propio Ismael, el Mayo Zambada, es uno de los generadores de alternativas de vida en la región y a veces es difícil afirmar que está en la estructura del crimen. Pero también sucede con el Chapo Guzmán, a quien se le conocen un sinfín de anécdotas de su operar para el desarrollo de la economía regional, de su actitud solidaria con la población, de su aporte a obras en comunicaciones, desarrollo social, etc. acciones que debieran poner en marcha desde la economía del poder público municipal, estatal y federal, pero extensas regiones, poblados abandonados por la falta de recursos, sólo se mantienen por una función en la estructura del delito organizado, porque el poder público, los ha abandonado a su suerte social.
Recuerdo una polémica fuerte, abierta, con un funcionario de gobierno en el Estado, cuando hace años se dio el asesinato de comuneros por el Ejército y que no emprendió el secretario de Gobierno una acción contundente, en el marco del Estado de Derecho contra el Ejército, sabiendo que no había orden de aprehensión, que no les habían disparado primero, como ahora, en Sinaloa han emprendido acciones los militares que le corresponden a las policías, a los ministerios públicos, pero lanzan, fuera de toda legalidad, al Ejército Mexicano, al que la constitución y el espíritu nacionalista de los mexicanos les hemos asignado otras tareas.
La presencia del poder del crimen organizado a pasado a ser parte de la estructura de pobreza y de olvido de una gran masa social, es uno de los efectos secundarios por excelencia, de las sociedades castigadas por gobiernos ineficientes como el mexicano, el de todos los últimos tiempos, pero también de los locales, que lejos de repuntar en la lucha por el desarrollo, por la generación de proyectos de vida en las diversas regiones de la entidad, se mueven en la ineficacia y en la confusión, destrozado el pacto social, la obligación del poder público de dotar de vida buena a los ciudadanos, los grupos lastimados no tienen, en términos de su miseria, la obligación a la lealtad de los principios y valores colectivos de una Nación. Sí, el combate militar contra el crimen organizado, puede ser una acción complementaria, pero no la fundamental, del combate a la pobreza, a la miseria, que es la estructura de un país en crisis, que soporta todo crimen, en especial, ahora que el crimen organizado se ha convertido en mecanismo de resistencia de todas las formas de pobreza, de sobrevivencia social: el presente modelo de nación ha generado al crimen organizado como recurso de sobrevivencia desde el crimen.
La Voz de Michoacán