Más que un abogado
Jorge Orozco Flores
Al maestro Guillermo Morales Ossorio lo conocí en la Facultad de Derecho, aun cuando no tuve la fortuna de ser su alumno, pero sí de su hija Lupita. Durante varias semanas publiqué unos apuntes sobre su vida y su entorno. En lo personal salí ganando, me abrió la oportunidad de conocer a un hombre que lo tenía como una figura universitaria y un excelente abogado. Al final, el balance se modificó, rebasó esos rasgos. La columna despertó entusiasmo en numerosos lectores que me platicaron hechos, anécdotas y sucesos de un personaje que es más que un abogado, un ser humano por el cual intenté una aproximación biográfica, con momentos trascendentes que vivió, que son parte de la historia de Michoacán.
En sus últimos quince años de vida ocupó lugares clave en la política estatal, pero no se desprendió de su modo de ser, vivaz, con un sentido del humor singular, con una inteligencia fuera de toda duda. En 1972 el gobernador Servando Chávez Hernández lo nombró procurador general de Justicia. Poco tiempo después fue electo diputado al Congreso del Estado, sus compañeros de legislatura, la LX, de 1974 a 1977, experimentaron su liderazgo, para el que se había preparado desde sus tiempos estudiantiles en donde también se destacó por esa cualidad. Como presidente del Congreso desplegó una actividad intensa. Muy aficionado a la lectura, propició ediciones facsimilares de documentos fundamentales en la historia del Estado.
Su presencia dentro de la ciudad tenía un amplio reconocimiento. La elección de su profesión de abogado le dio herramientas para realizar uno de los grandes objetivos de su vida, ayudar a los demás. Esto me fue corroborado en estos meses que tuve la oportunidad de platicar con muchas personas que le conocieron, le trataron, pero sobre todo por quienes recibieron su enseñanza y ayuda. En el camino de redacción de su semblanza descubrí que el personaje tiene una dimensión superior a la que logré en este esbozo. A la distancia del tiempo podemos ver con mayor claridad por qué el cabildo moreliano le hizo el más alto reconocimiento que la ciudad otorga a personajes destacados. En 1980 el Ayuntamiento de Morelia lo distinguió con la Presea Generalísimo Morelos, que sirvió para cohesionar un sentir popular, fue un personaje muy respetado, querido e inolvidable para muchas personas. Incomprendido por otras quizá, pero lo que en lo personal descubrí es que su vida abarcó más que su tiempo que le fue injustamente arrebatado por las circunstancias de salud difíciles que hubo de enfrentar. Su itinerario vital comenzó el 6 de abril de 1921, dentro de un espacio lleno de carencias materiales, suplidas por la solvencia moral que da el vivir con decoro y dignidad. Falleció el 1 de septiembre de 1985.
Lector de fondo, elaboró su propio retrato, dijo de sí mismo: “Cuando salí del rancho tenía una mentalidad mágica. La cultura que ha pasado por mi, gracias a la Universidad Michoacana, transformó mi mente, de mágica a lógica”. Su credo de vida fueron los valores intrínsecos del ser humano. Como si hubiera sido un poeta de la antigüedad clásica, transcurrió su vida sin poner mucha atención en los valores extrínsecos, los honores, la gloria y los bienes de fortuna.
Una última pincelada. Se acercaba el fin de año. El maestro Guillermo Morales Ossorio recibió una llamada telefónica de uno de sus alumnos, Raúl, originario de La Piedad. “Maestro, solamente hablo para desearle Feliz Navidad y un feliz Año Nuevo”, dijo el muchacho, “voy a mi tierra a ver a mis papás”. “Qué bueno que tienes a tus papás, gózalos, disfrútalos mientras los tengas, porque cuando faltan... cuando faltan ya nada es igual”.
La Voz de Michoacán