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Columna: Maestro Juan Torres

27 de mayo, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Samuel Bernardo Lemus

Ante la presencia de estos hombres nacidos de lo alto para manifestar el verdadero encanto de la vida, hay que extender los brazos y darles un abrazo cordial porque han nacido para expresar más que con el cincel o el pincel lo que llevan en el alma: luz, creatividad, hermosura, contemplación, amor, amor a la flor, a la nube y a todo aquello que es manifestación del poder de la hermosura de Dios.

Es un encanto visitar la casa de este arquitecto y un poeta en el encantador pueblo de Capula, donde el barro, la piedra, el árbol le dicen tantas cosas que desea dar a conocer sin más anhelo que buscar el encanto de la vida, rastreando siempre la hermosura de Dios. ¡Felicidades, Juan!

Sagrada y buena es la tierra que te vio nacer. Se llama Michoacán. Esta tierra que amó tanto tu amigo, Vasco de Quiroga, quien procuró no sólo pintar, esculpir todo lo que amó y vivió; sino dejarlo palpitante como todo buen artista, en el encanto del barro o en la bienaventuranza de una imagen o de una melodía. El pincel de Juan Torres está mojado en el color de su cielo interior, transparente y luminoso, en el verde paisaje de los árboles frutales y en barro amoroso y cálido donde la vida nos sigue hablando de un hombre que nació para no morir.

Estos hombres insustituibles tienen un sitio especial en su tierra y en el mundo y en su época. Hombres que han vivido en plenitud y saben hablar a la vez con un lenguaje especial, sencillo y misterioso y contemplativo.

Juan tiene tallada una imagen de Cristo donde su poder y misericordia se hacen verdad en sus ojos que saben mirar hasta el fondo del alma. Sus ojos son transparencia de lo que lleva en el alma y el pincel obedece más bien a dar el toque único, personal, irrepetible que deja en cada óleo. Los grandes pintores indudablemente que son inspirados por Dios –la belleza increada- y por eso tienen algo de divino. Y lo que decimos de un escultor, de un gran pintor, de un poeta, lo podemos afirmar de cualquier persona creativa, donde la vida se torna verdad, luz y expresión de lo que lleva el sello de lo eterno.

Juan Torres podrá decirme que estoy exagerando pero lo que hablan son sus obras meditadas, inspiradas para decirnos que ama el arte y la vida y por ser lo que ha sido seguirá siendo por vocación manifestando los dones que Dios le ha regalado en abundancia.

Pero su producción artística no puede quedar en la sombra, en el anonimato, en el silencio. Hay que verla, comentarla y sobre todo hacerla nuestra como el artista hace suyo el barro, el color del cielo, la belleza del árbol. Es el anhelo del ser que el barro suene a plata, como decía López Velarde y la escultura nos haga vibrar con el prodigio de unas manos que jamás se cansarán de trabajar y siempre con la alegría de comunicar la belleza de Dios.

Por algo han galardonado a Juan Torres con la presea –Generalísimo Morelos- . Es un merecido reconocimiento a su ingenio, a su calidad espiritual y humana, a su vocación de hombre de bien que desea seguir caminando por el difícil pero gozoso camino de gastar la vida por lo que más se ama.

Nació aquella escultura de algo inerte que hoy tiene vida y le pasó lo que a Miguel Ángel cuando vio la escultura de Moisés: “háblale dijo” y golpeó la frente. Cada quien tiene algo que hacer en la vida y cuando lo realiza se siente feliz. Es un privilegio conocer a estos artistas y reconocer el mérito a su empeño de transmitir tan generosamente ese justo anhelo de que toda persona ame la verdad, el arte, la belleza, el encanto de ser lo que es: la expresión del Artista Supremo. Son poetas que de alguna forma alargan su sombra bienhechora cuando nos encontramos con ellos.

Siempre encontramos al maestro Juan muy nuestro, hermano humanísimo. Creyente amoroso que manifiesta su fe en ese Cristo, que le agradece haberlo tallado y que un día le va a recompensar su obra regalándole el cielo. Ahora sigue en su taller humilde  trabajando, aunque no aplaudan sus obras. Él se siente feliz. Poeta de la naturaleza. Pintor y escultor y arquitecto que plasma el encanto de la vida con el prodigio de sus manos.

Por algo el maestro Juan Torres tiene su casa abierta de par en par y cada amanecer se inspira en el canto de los pájaros, en un amanecer maravilloso, en un esplendoroso cielo tachonado de estrellas y siempre soñando en amar más plenamente lo que lleva en el alma: el ser un artista que ama el hombre, la vida y el encanto de la amistad con tanta gente que lo conoce y le agradece ser lo que es. Sobre todo como dice Amado Nervo, arquitecto de su propio destino.

Felicitamos muy sinceramente a todas las personas que se han fijado en el maestro Juan Torres para otorgarle la presea “Generalísimo Morelos”, especialmente al centro cultural ubicado en Tres Marías donde Juan Torres ha hecho ya varias exposiciones de pinturas y donde se le aprecia muy justamente como uno de los exponentes de los valores culturales de Michoacán.

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