Charolastras
admin | feb 17, 2013 | Comentarios 0
Rafael G. Vargas Pasaye
La película mexicana “Y tu mamá también” (2001) de Alfonso Cuarón fue un trampolín en la carrera de los actores Gael García Bernal y Diego Luna, y también aportó a la cultura nacional y allende fronteras el término “charolastra”, que si bien ya existía, se logró con la penetración y sobre todo éxito de la película, posicionar con todo y su manifiesto que se recuerda por un calificativo dirigido a los aficionados a un equipo de futbol (el América).
En México la figura de la “Charola”, se relaciona con el poder y los abusos de los poderosos. El que tiene poder le gusta presumirlo y una de las formas que se han acuñado con el paso de los años es el de la charola, que se puede entender como una acreditación sobre todo de alguna institución donde se labora. Digamos que simula la estrella del sheriff que es la autoridad máxima de una región.
Si bien tiene que ver con una cuestión de status, es sobre todo una circunstancia de echar en cara a los demás lo que son, o tal vez lo que no son. Y es que en un marco que se mueve a partir de las marcas de las corbatas y las bolsas de mano, en donde el tamaño sí importa, donde lo ostentoso abre puertas, pues no es de extrañar que esa cultura se mantenga en lugar de extinguirse.
No sorprende por eso, pero sí molesta y mucho, que nos hayamos enterado (gracias al poder de las redes sociales, esta vez desde la cuenta de Twitter del diputado federal del PAN Juan Pablo Adame, quien subió la fotografía), que su compañero diputado federal del PRI José Rangel utiliza para su vehículo Mercedes Benz una charola del Poder Legislativo en lugar de una placa tradicional.
Lo que escribió @JuanPabloAdame (representante plurinominal) fue: “Subí la foto del #charolazo en la placa porque me pareció indignante el uso de viejas prácticas para diferenciar a unos de otros #FueraFuero”.
Al ser retomada por medios de circulación nacional, la noticia tuvo relevancia, salió el acusado a intentar defenderse complicando todavía más la situación, a las pocas horas, quizá un día cuando mucho, José Rangel, también diputado pero el sí ganando su distrito, el tercero del Estado de México con cabecera en Atlacomulco, quitó la charola simuladora de placa de su vehículo marca Mercedez Benz modelo E 500 convertible.
Ahora bien, retirar la charola del auto no le quita el daño a su imagen al legislador, esa es la esencia de los escándalos, y sí incrementa ese sentimiento de rechazo de parte de la sociedad por sus representantes. Pero hay que subrayar dos hechos, el primero que sale a la luz y se vuelve otra vez, un momento de indignación pues los ciudadanos comprueban con hechos, como la charola en forma de placa, que los poderosos no cambian y los sienten alejados, y de esa forma la imagen de todos queda dañada, mancillada, estancada.
Y en segundo término, que el representante popular siguió a pie de la letra el punto uno del manifiesto dela citada película: “No hay honor más grande que ser un charolastra”, pero ahora tendrá que atenerse a las consecuencias. Y saberse que las charolas no protegen de todo, por ejemplo, de la exposición y la descalificación pública.
Todo esto debe también comprenderse como una lección de que las redes sociales influyen en la opinión pública, sobre todo cuando los temas que surgen en ellos son retomados por los medios tradicionales. Y entre unos y otros hay ritmos diferentes, mensajes distintos, y al parecer muchos políticos todavía tardarán en comprenderlo.
@rvargaspasaye
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Publicadas: Rafael G. Vargas Pasaye
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